19 abr. 2007

¡ECHÉ UNO!


Juan sale de su casa, a pelársela, como siempre. Se va a las vecindades, a incomodar a los vecinos, a ver si lo invitan a almorzar; o a la casa de algún su cuate, a ver si le saca aunque sea una chelita o un par de chancuacos. O si no, a ver culitos al Parque. ¿Su verdadero pasatiempo? Chorriar a la mara, sea quien sea. Imposible hablar como la gente con el hijuesesentamil de Juan, me dice su padrastro, que ya’stá hasta la mierda de que lo chorree. Hágale güevos don Pedro, le digo yo, ¿quién lo manda a usté a meterse con doña Patro, pues? Don Pedro pela la mazorca y me manda a ver si está lloviendo en la esquina. Hablando con él estoy, cuando cae Juan, pues. Bienvenido a mi humilde morada, vos, me dice. Ya metí los litros a la refri, le contesto. La cara entre la miel de abeja queda chula, grita. Si querés, saco a pasiar al chucho, sigo yo de indio. Seguro que tu hermana me echa de menos, agrega. Pero si sólo pedos es, le digo yo. Y así seguimos un buen rato, hasta que don Píter nos manda a hacer sho y yo le digo a Juan que mejor jalemos. Orita vengo, dice el cerote, sólo vuir a trer unos jocotes aquí onde este Pablo. El viejo lo mira extrañado y le pregunta, ¿qué Pablo? Juan se tapa el hocico con la mano y entre los dedos deja escapar algo que se puede entender como: el que te coge en un establo. Luego me mete un codazo y, mientras don Píter suelta un ¿ah?, me dice: tu amor ya no muy oye. Yo no digo nada y salimos. Afuera, me le quedo viendo con cara de “mírense a este mula, pues” y le saco la madre. Chorro más mierda ése; ya ni los ixtos de primaria lo usan, cerote, le digo. Vos porque no sabés ni mierda, me dice, para chorriar hay niveles y, como mi padrastro ya’stá mero viernes, pues hay que usar chorros de antes, ¿me entendés? Le vuelvo a sacar la madre. Vos decí que sí, cerote, ja ja ja. Y jalamos para el Parque, a ver a si hay algún mulita por ahí que nos patrocine algo para el pecho.

Juan va a cumplir treinta en mayo y, hasta donde yo sé, no hace ni pura verga. O sea, llegó hasta sexto primaria y ya. Empezó a chambiar en talleres de carpintería y de mecánica. Medio la hizo de ayudante de albañil y de fundidor. Estuvo de botones en un hotel, se fue dos años a los USA, regresó, puso una cevichería, quebró, anduvo de chofer de burras, de taxista, de tuctuquero y hasta hoy, que como ya dije, full parásito, esperando que la situación nacional mejore. Cuando veo a Juan, veo al típico cerote que jamás ha necesitado de un libro ni de un cartón para colgar en la sala. Pero al mismo tiempo veo a un hijo de puta bien hecho, cabrón para un montón de babosadas y, sobre todo, con una agilidá mental de la gran diabla. ¡El pisao te chorrea hasta cinco veces y ni te das cuenta! A todo, a todo, hasta lo más impensable le saca albur, el hijoepuma. Todo puede tener doble sentido. A cualquier palabra pisada le saca la connotación sexual, el talega, y cuando sentís, YA TE METIÓ EN CLAVOS. Y como él, hay miles de pisados. Es parte de “ser mulamalteco como Dios manda”. ¡Podemos estar comiendo mierda, pero lo jocoso no nos lo quita nadie! Juan bien podría limpiarse el culo con Velorio y humillar a cualquier Rey Feo sancarlista, pero le da igual a tu tío. Es un chorriador nato. «Leche, plátano, cuchillo, monte, teclas, atol, chuchos, vieja, petate, embutido, pelos, cubiertos, polvo, huevos, mollete, pozo, Carmen, miércoles, Pedro, lechuga, nabo, chiquito, Óscar, república, pulga, chile, trasto, patas, caldo, anillo…» son sólo una pequeñísima muestra de las palabras que NO se pueden decir cuando uno casaquea con Juan, porque ya'stuvo que nos fuimos finos. Es así. Juan Chorro, le dije de cariño cuando nos despedimos. Te voy a echar mucho de menos, me contestó y, acto seguido, me somató la espalda, también de cariño.

Y yo me vine. Y aquél se quedó. Y hace dos días me enteré de que pasó a mejor vida. Por eso mismo y, como un sencillo homenaje de mi PARTE, les propongo a todos y a todas ustedes, banda local, que si les da la gana comentar en este post, lo hagan tal como lo ‘biera hecho Juan Chorro; o sea, ¡echando uno! La mecánica es sencilla, dijo Pedro Cofiño. No, ya en serio. La mecánica es sencilla: yo voa iniciar comentando con una frase peculiar y ustedes tienen que ver cómo putas se las ingenian para seguir la onda, o sea, el chorro, pues. Pueden agregar lo que quieran, pero siempre que tenga relación con la anterior. ¿Me explico? Eso sí, ¡a la verga las vulgaridades y los chorros de primaria! Yo sé que entre los lectores hay canela fina. ¡No por algo somos mulamaltecos, pues! Bueno, pilas pues, a ver qué tal sale la onda. ¡Creatividá, ante todo!

Pd. Si vos, lector, lectora o curioso no identificado, no querés participar de este homenaje, no te agüevés, lo entenderemos, especialmente si sos yik o tonti-friqui-nerd. Pero eso sí, que nada te impida dejar tu comentario o cagarte de la risa, si querés, pues, o sea. ¡Bienvenidos sean también nuestros herm-anos latinoameric-anos! ¡Los veo más tarde!


Foto cortesía de www.markarina.com

2 abr. 2007

PISCINAS PERO CON TENIS


Como buen mulamalteco, honesto y cabal, escribí un vergo de pajas en mi CV y los muy mulas (más mulas que yo todavía) se las creyeron. Me dieron el chance. Como no dije que era de Mulamala sino de España, no hubo clavo. A este Nato, que ya había intentado antes, lo mandaron mil veces a la mierda, recordándole que “vayan a donde vayan, los mulamaltecos sólo chupar quieren”. Toda la trompa repleta de razón, no lo discuto. Lo que tenía que hacer era un reportaje para la Nashional Yiografic (¡No pues pisao!). Viajar poray, hacer unas cuantas fotitas con mi camarita y escribir dos tres anéglotas, pero no como si fuera periodista sino tirándole a científico (por eso puse: Bachier en Ciencias y Letras). En un par de días me llegó mi paquete: boleto de ida y vuelta, unas inyecciones huecas, unos largavistas en miniatura, una mallita pisada (después supe que era para que no me hartaran los zancudos), unas mis Raibán estilo politur, un talego de cheques de viajero y un mapa del lugar: Senegal. ¡Ah para todo mi güevo!, exclamé entre alegrón y agüevado! ¡Sale África, pues! ¡Que se preparen las Naomi! Reconozco que al principio se me hizo todo así, pero cuando me di cuenta de que no iba a gastar ni un len, que la empresa me pagaba un jugosito seguro de vida (y accidentes) y que además me iban a pagar bonito, me calmé. ¡Agárrenme de mula, pues! Le fui a poner unas veladoras al Santo Niño de Atocha, recé tres Padrenuestros y listo.

Compré un Lonli Planet de segunda (en el avión noté que le faltaba como setenticinco hojas), llené de playeras, bermudas, calzoncillos en una mi mochila y, cuando sentí, ya estaba aterrizando en tierras africanas. Las clasecitas de francés en CALUSAC de hace ya una decena de años me iban a hacer la pala, porque eso es lo que hablan los cerotes. Pero como también iba en calidá de chichudo, pedí un guía que hablara jerigonza. ¿Jerigonza?, me preguntó el de la oficina senegalesa de turismo. Sípi, epel ipidiopomapa depe Mupulapamapalapa, le dije. Por poco me revienta el tímpano del vergazo que le dio al teléfono cuando colgó el hijueputa. Por medio de unos conectes, conseguí un guía que medio masticaba el español. Pero la onda es que este cuate estaba ocupado los primeros días de mi viaje, así que tenía que ver cómo putas le hacía. Yo pensaba que al llegar iba a ser recibido por una tribu de negritos en pelota, lanza y escudo en manos. Y por poco es así, con la diferencia de que iban vestidos y no llevaban nada primitivo, sino más bien tenis naic y camisolas de todos los equipos europeos de fut. Entonces, para no desentonar y caqueriar un cacho, me puse una camisola yo también, la del desaparecido goliador Rudy Rolando Ramírez, de sus últimas apariciones en la azul y blanco. Y así salí del ariopuerto, mandando a la mierda a todos los que se me acercaban a ofrecerme algo y, pum, directo al hotel que me habían reservado.

Monsiu Rex, me dijo la recepcionista al llegar, ¿ça va? Y yo contesté: Calidá, pero con un calor de la gran puta, ¿tiene Gallo? Gallo tenía, seguro, pero no chela. Como no muy nos entendíamos, le dibujé una botellita café y me sacó una Flag, una de las chelas de Senegal. 5.2 de alcol. Me la zampé hasta ver a Cristo. Luego me sacó una Gazelle y luego una Castel. Como me las tomé puro chucho, me pegaron, así que mejor me fui a echar. Estaba en Dakar y al otro día me esperaba casi un día entero metido en un carro de mala muerte para llegar al pueblito en donde dizque tenía que empezar a chambiar. Pero como tres nunca son suficientes, me regresé al bar del hotel y seguí dándole, pues. Amanecí guapo, con ganas de agarrar fuego. Me encaramé a un taxi y pistié al chofer para que parara en cada pueblo a conseguirme chelitas, vino de palma o lo que hubiera. En los primeros diez, aceptó, pero de ahí ya no, porque notó que yo ya andaba algo azul y como muchos son musulmanes, es pecado. Por eso, no más llegar al pueblo, llamé al guía y lo convencí para que me fuera a buscar ahí, que me sentía mal, que la gran puta. Tempranito apareció el cerote, todo apenado porque le habían encargado que me cuidara. Se llamaba Doba y nos caímos bien desde el principio. Le gustaba chingar al cerote. Perriaba cuando podía y, por la noche, después de tramar, se ponía contentón a puro té senegalés y le echaba al dancin. Raro ‘biera sido que no nos compincháramos. El viaje que consistía en excursiones programadas a los pueblos más autóctonos, a los parques nacionales, a los campamentos, a los lugares sagrados y a las zonas de folclor colonial, se convirtió en un tur de pura chingadera y playa. Alquilamos un 4x4, conseguimos otro chofer, apagué mi celular y nos olvidamos por completo del reportaje. Llévenme a esas tribus onde haigan negritas enseñando las chiches, les propuse y se cagaron de la risa. Pisto había. Discos y chupaderos no tanto, pero el ambiente lo hicimos hasta en la montaña. En el fondo me sentía como en Mulamala, aunque sin su Semana Santa ni sus nubes de incienso. La gente me trató como uno más y yo me esmeré en demostrarles lo diagüevo que somos los mulamaltecos.

Trece días en total. La mara no tenía ni puta idea de dónde estaba Mulamala y ahora resulta que quieren ir a chingar allá, a ver si sale algo con alguna antigüeña. Necios los pisados, les da igual que yo les diga que allá son unas interesadotas. En fin, podría aburrirlos contándoles mi viaje, pero no se trata de eso. No podría contar todo aunque quisiera. Recuerdo carreteras larguísimas, con más hoyos que en la luna y un vergo de vacas y cabritas atravesándose cada cien metros; chocitas de paja y adobe en terrenos semidesérticos; patojos jalándote de la mano por un confite o una ficha; un puño de babuinos bajo la sombra de una ceiba, despulgándose; un negro hijoeputa que nos brincó porque queríamos hacerle una foto a un árbol (baobab); un enjambre de mosquitos en la cabeza de un jipi belga y una medusa gigante en la playa de la Isla de Carabane; ¡ah, un montón de ondas, muchá! El viaje estaba estimado para 15 días, pero dos días antes vino mi supervisor y, sin darle vueltas al asunto, me llevó a Migración para que me deportaran, el hijo de su madre. Había perdido mis chivas, me había quedado sin pisto y no había echo ni mierda del repotaje. No me dio tiempo de despedirme de la mara. Bueno, en realidá ya me había despedido como seis veces, pero no quería irme. Y ahora ando aquí de vuelta, vivito y coliando. Sin chance y con más deudas que Latinoamérica, como siempre. ¿Y todo por qué, vos Rex? ¡Por mula! Pero qué pisaos. Lo vivido no me lo quita nadie. Además, recuperé la morenez que había perdido y regresé tostadito, pura champurrada. Con gusto les pondría un par de fotos, pero empeñé la cámara; así que será hasta la próxima, Dios mediante.