22 nov. 2007

¡QUE CHAMBEEN LOS MULITAS!


Por más irónico, ridículo, extremista e inverosímil que se oiga, uno de los males que más perjuicio le hacen al ser humano es el trabajo. En Mulamala muchos chambiamos por pura necesidá, porque no nos queda diotra. Hay que hinchar los güevos todas las putas mañanas para salir de nuestro catre y a ¡darle a la rutina, pues! Sin pisto, no hay chelas, estrenos de ropita, escapaditas al Puerto ni peluches para nuestro(a) “peor es nada”. Entonces nos dejamos esclavizar para que otros se hagan ricos, nos dejamos explotar y no somos capaces de decir ni pío. Bueno, y si decimos algo, nos mandan a hacer sho y punto. Pero es que… ¡Sho testoy diciendo! Y nuestra vida se reduce a salarios pura mierda, jefes pura mierda, compañeros imbéciles y compañeras "adefesios". Más de diez horas perdidas de nuestro tiempo. No vos Rex, es que así es esta onda, hay que progresar y sacar al país adelante. Eso mismo le decían a mi abuelo hace un pijo de años y ahora, cuando veo como está la onda en Mulamala, me da la sensación de que si “hacer lo que se nos dé la gana” es progreso, pues nos deberían dar un trofeíto, diploma y pistío incluído. Como comprenderán, a mí esa falacia del progreso y del chance como que no muy muy. Tengo que chambiar porque ni modo; si no, como mierda, literalmente. Mulita soy, sin duda. Pero bueno, no me voa poner socialón, muchá, no se crean. A Marx lo confundo con Groucho, con Richar y con un chocolate pisado. De la lucha de clases, me acuerdo de una vez que los de Tercero A le dimos una verguiada en fut a los de Quinto B. En fin, imagínense si me pongo a hablar del proletariado, de Octubre (¿un grupo de rock, no?), de la burguesía (¿los chavos que cuando era güiro llevaban Yiorllio Bruttini o Esperri Top Saider?)…

Cuando pienso en esto, se me viene a la ñola una de las aficiones típicas del mulamalteco de clase media (¿?): conseguir un chance en una oficina (entiéndase: contador, informático, secretaria, ventanilla de banco, recepcionista, aprendíz de güizache o cualquier puesto hueco de esos) en un edificio de más de doce pisos y mejor si es en alguna zona no tan pisada de la capital. Con eso ¡ya pues!, suficiente para creerse la viva mierda. Ahí van en las burras o en sus carros de segunda, con gelatina hasta en los pelos del culo, su bigotío bien recortadito, sus tacuches de siempre, sus ventiúnicas corbatas y sus locioncitas chafas, caqueriando el anillote pisado ese de graduación que NO entiendo pa’ qué putas sirve, como si fueran unas eminencias los culeros, y creyendo que el resto NO somos ni mierda. Si te ven a vos con algo de greña y barba, pantalón de lona y tenis, piensan que sos un parásito y si son tus cuates, entre casaca y casaca, te dejan ir el vergazo de que hay que madurar, mano; si no, ¿cuándo? Empiezan a usar palabras que antes no usaban, como finiquito, proactivo y a corto plazo. Ya no salen a la esquina de la cuadra, ni a la Plazuela, ni al Quiosco. Se olvidan de salir a ver partidos de basquet o echarse un cigarrito en las gradas de la Muni o en la banqueta de la casa de Nayo. Eso, los pisados. Ahora… ¡las chavas! ¡Ja! ¡Ahí mejor ni entrar en detalles, papaíto! Sin ofender a lo presente, dos o tres post de estos del Muladar se quedarían cortos para exponer de qué pata cojean tus amores. ¡¿Cuándo una pisadita de ésas en minifalda, fufurufa, empliada de alguna empresita dizque importante se va a fijar en vos?! Mejor ni voltiarlas a ver, váa vos Rex, porque ni pedos te tiran, me dice Pancho. Nunca mejor dicho, le digo yo, a menos que te bajés de un BM y en el culo se te note el bulto de la billetera, mejor si con unas cuantas Visas dentro. Pero ¡ah!, de eso hablamos otro día.

Pero lo pior, y aquí es onde quiero hacer lo que es un énfasis de esos buenos, lo pior es que —volviendo a los pisados— poco a poco cambian a sus cuates de toda la vida, a sus amigos desde chirices, a sus cuasi-broders por… ¡sus compañeros de trabajo! ¡Faltaba más! Al salir del chance quedan para irse a echar un taquito o una cervecita onde la Nía Nela¿A qué, digo yo? ¿A qué? ¡A HABLAR DEL CHANCE! ¡Patética esa mierda! ¿Qué de bueno puede salir de una puta oficina? ¡Chime gratis!, me grita Pancho. Archirequetecontrasabido, le digo yo. Pero a parte de quemarle el pan a tu traida o a tu señora… ¿alguna otra mierda más que unos quetzalitos no puedan cubrir? ¿En qué cabeza cabe ir a chambiar puro burro todos los días sólo para HACER AMIGOS? Al chance se va por pisto, cerotes, ¡nada más! Si estás en una oficina mientras leés esto, echale un ojo a tu compañero más cercano. ¿Ya? Va, ahora ponete a pensar esto: con él tramás todos los días y salís a chingar los fines de semana. Perfecto. ¿Qué creés que pasaría si a él le aumentan el sueldo y a vos no? ¿Creés que te diría: no te agüevés, viejo, a fin de mes partimos vaca? ¿Creés que a la hora de un camote te diría: mano, si te echan a vos, me voa a la verga yo también? Pues si lo creés, estás pisado, compadre. Sólo un 2% de las estadísticas avalan que así sea. ¿Ahora entienden por qué me cae en la verga esa mierda del trabajo? No sólo nos quita a nuestros cuates de toda la vida sino que nos lava el coco haciéndonos creer esa mierda del “nivel social” y del “compañerismo” y del “crecimiento personal”. ¡MA-MA-DAS! La mayoría de estos pisados se morirían sin ir a sus oficinas porque, incluso, lo hacen para escapar de sus casas, de sus hijos, de sus parejas. Yo, como ya dije, lo hago por billete. Pero como reconozco mi debilidá por la vagancia y por la comodidá de mi sillón-cama, me doy el lujo de decir, cada vez que puedo, ¡que chambeen los mulitas!, aunque luego ande prestando bamba y viendo quién me patrocine.


NOTA: Señor Superintendente de la SAT, ¡que facture la vieja y que pague impuestos su abuelita en pelota! NUESTRO POCO PISTO ES PARA JUGAR FUTÍO Y PARA CHELA. Y, bueno, sí, para irle pagando a nuestros tatas el pistarrajal que les debemos. Con cariño, Pancho.


Foto cortesía de mis cuatazines estos de Guguel Imágenes.

9 nov. 2007

DE TÚ A TÚ, PERO CON RESPETO, PUES


Yo, en calidá no de bulto, como muy abusivamente me habrán dicho mis enemigos más de una vez, sino como autoproclamado gobernante ad honorem y vitalicio de Mulamala, mediante esta breve “carta abierta”, expreso públicamente mis más sinceras y jocosas felicitaciones al nuevo mandatario guatemalteco, mi ahora homólogo, Señor Don Álvaro Colom, del partido socialdemócrata U.N.E., por haber sido “el elegido” (¿o se dice “electo”?, es que siempre que oigo esa palabra veo a un chinito cabrón queriendo decir “el recto”) y haber ganado de manera justa y merecida la contienda electoral de este año 2007, año en que tuve a bien engordar unas mis cuantas libritas, eso sí.

Asimismo, informarle al pueblo mulamalteco que por motivos serios de salú (a finales de septiembre dos desconocidos arremetieron contra mi persona a inmediaciones de El Paisano… ¿Qué pisados andaba haciendo poray?, ni me pregunten), decidí retirarme dignamente de la batalla campal por el hueso… digo, por la Presidencia de la Nación, como único representante del partido anárquico-ambidiestro M.U.L.A., detalle que (y esto lo digo con toda la humildá del mundo) fue sagazmente aprovechado por mis contrincantes. O sea, les dejé a Álvaro y a Otto el camino libre, pues. Les dejé la mesa servidita, el petate calientito, la puntita metidita… sólo para que pin, pin y a la verga. ¡Así como para que no!, diría Richi, empinándose el culito de una de Juanito Caminante. Lo anterior no significa que M.U.L.A. sea historia. Todavía no me han puesto rancheras ni rolas del Buki como para que lama el plato desechable del pastel y me vaya mucho a la mierda. Tanto yo como mis fieles allegados seguiremos echando punta y preservando los valores de lo que desde hoy (con el corazón en la mano y los ojos puspos repletos de lágrimas) denominaremos Reyno de Mulamala. ¿Y esto por qué pues vos Rex?, se preguntarán. Pues porque hay que diferenciar el campo de actuación y/o dominio de Álvaro («República de Guatemala») y el mío, Rex Mula Mayor («Reyno de Mulamala»). En resumidas cuentas, el señor Presidente a sus ondas y yo a las mías, guardando siempre la distancia. ¿Me explico?

Y bueno, aprovechando que es gerundio, quiero suplicarle al señor Colom que, en vista de lo que aquí expongo, no se moleste en inmiscuirse (“meter las narices” es una expresión poco local y no me gusta) en los asuntos del Reyno, los cuales no son (lo digo en serio) de su jurisdicción y corresponden única y exclusivamente a este servidor suyo, ahora y en la hora, amén. Ah, y que por vida suya, no vaya a ser pura lata de no cumplir TODO lo que ha venido prometiendo desde la campaña electoral antepasada; que, bueno, por ahí anda la bola de que los nacidos bajo el Signo del Queczal y al Son de la Marimba somos meros mulas, pero no hay que generalizar, porque tampoco es así la onda. O sea, mulas abundan, hay hasta para regalar como si fueran confites, para qué le voa mentir. Lo que a lo mejor usté no sabe es que poco a poco nos vamos avivando y ya no nos agarran de majes tan fácilmente. Digo yo, pues, o sea.

Y ya para acabar, aquí entre nos Álvaro, lo pongo al tanto (para que no diga que ese Rex sí que diunavez, no puede ser nada acomedido) de "lo que vienen siendo" unos nortes que me llegaron hace días, supuestamente de parte de unos dizque periodistas puramierda y malitencionados. El pedo es éste: los muy bandidos andan barajando, desde ¡uuuuuu... qué tiempos!, apodos para usté, como lo hicieron con los monigot… digo, con los Presidentes pasados, claro, para seguir con la tradición de ridiculizar a todo aquél que se instale (con todo y ralea) en el Palacio Nacional. Según sé, probaron con la línea zoológica, o más bien, de animales de corral y/o granja (igual que con Marrano, Pollo, Conejo), y se les vino Chompipe, pero dijeron nah, salgámonos de la línea. Que si probaron suerte con apodos de otro tipo (la envidia pisada, ¿no?, como si nosotros los que gobernamos tuvieramos la culpa) hasta que se quedaron con dos más, aparte del que ya le dije: Garabato y Milpa. Entre los que descartaron están Pepino, Lapicero y Ganchoeropa. ¿Por qué? A saber, Álvaro. Yo ahí si ya no me meto. Lo más importante es que ojalá no logren su objetivo. Yo por eso, antes de que empezaran a inventarse muladas y a compararme con cualquier babosada, me auto-apodé Mula Mayor, para no darle gusto a ningún pelagatos y así, tranquilo tu cuerpo, feliz de la vida. Siga mi consejo, no vaya a ser que se adelanten, hombre. Eso sí, que quede claro que yo no tengo nada que ver con esto, ¿si? Yo, como le digo, me enteré por ahí y así de buena onda se lo comunico, diplomáticamente, de tú a tú, pero con respeto, pues.

¡Güelcon tu di yangol!

Atentamente,
Rex Mula Mayor


Imagen cedida por mis amigos de Guguel.

1 nov. 2007

UN VUELTÍN A DONDE SE SALIÓ EL RÍO


Vi el papelito tirado en la calle. “¡Ven a Italia con nosotros y paga tu estancia con trabajo!” ¡Ah, no pues mish!, ¡’quitun güevo si no!, pensé. Hastabajo, en letras chiquititas decía: “Imprescindible conocimientos de arte. Duración: dos semanas”. Puta, yo le saqué un ochentón a Dedoecaca, el tícher de Artes Plásticas en el INVAL. Me fui corriendo a la casa, volví a “retocar” mi CV (como cuando jalé para el continente africano) y lo mandé en dos vergazos. Incluí que era sobrino de uno de los dueños de Al Macarone y que me segundo apellido era Pezzarossi, para que no dudaran del manejo de mi italiano. ¡Volare, oh, oh; cantare, oh, oh, oh…! Como ven, yo no miando con babosadas. La onda es que necesitaban mara para la Bienal de Arte de Venecia. Eso decía en el papel pisado que me mandaron a los tres días. Era mi oportunidá para saltar a la fama. Esa misma tarde compré unos formatos y me puse a hacer un mi paisaje con la ya vieja y conocida técnica del “puntillismo”, la cual domino ya que mis Carioca siguen intactos y porque me sobra tiempo en puta para estar entrenido en esas mierdas. No me habían dicho que sí, pero yo me estaba adelantando, por si las moscas. Leí que si me aceptaban, me iba a mandar el boleto, la dirección del hotel y un carnet de identificación para recoger mi “equipo de trabajo”. Mejor, pensé, así no tengo que andar cargando mi tablero ni mi regla T. Cuando sentí, ya me habían aceptado. Lo único que tuve que pagar fueron los gastos de envío y un seguro contra “accidentes laborales”. Ni que me fuera a ensartar el compás en el culo, ¿verdá vos Cataví? Aunque el arte no es mi fuerte, sé que poniéndole güevos y zampándome un par de guaros, las mierdas salen. Como lo que hizo aquea mulamalteca que fue a Venecia, se enpelotó y anduvo así, de arriba para abajo, enseñando sus encantos. Resultado: un su premio. ¡Eso lo ‘biera hecho la Chon por veinte pesos y una cajetía de Payasos! Yo no iba a hacer lo mismo, para eso llevaba mis formatos y una manualidá “sorpresa”, hecha con paletas de helado y lana de colores.

Cuando íbamos a llegar, oí que el ariopuerto se llamaba Marco Polo y se me ocurrió decirle a la vieja que llevaba al lado: como los heladitos, ¿vaá usté? La muy zorra ni me alzó a ver. Vos te lo perdés, chula, pensé. Aterrizamos, recogimos los chunches, salimos, nos metieron en un barco y nos llevaron a la mera Venecia. ¡Cuál sería mi susto! No había carros ni carreteras. El agua se lo había tragado toditito. ¡¿Por qué repisados no le avisan a uno del mal tiempo?!, estuve a punto de gritar. Para empezar, andaba chancletudo; y para acabar de cagarla, ¡bien cabrón para nadar! Abrí bien los ojos. ¡Diosa puta! ¿Y aquí qué onda? ¡Se salió el río, pues!, grité. Un don se me quedó viendo con cara de extrañado. Como soy de mula, si aquí ni papa de español. ¡Mama mía! ¿Qui ondi? ¡El riati se salioti! El don siguió con su cara de jocote marañón y se fue a la verga. Yo, en lugar de andar abriendo la boca, me guié con un mapita que le había peinado a una chava en el barco onde veníanos y llegué a los Jardines de la Bienal. Hice cola como media hora. Vi que a la mara que ya había pasado le estaban dando un casco amarillo, un cincho de los que usan los que hacen pesas y un “mono” de chance, como el de los mecánicos, sólo que rojo. Mi güevo, pensé. Me tocó pasar, llegué a la mesa, me tapé el hocico para decir mi nombre en latín: Rexus Vergus Grandius. La mamita que atendía me preguntó mi talla. Calzo 41, le contesté pensando que me iba a regalar unos rieles. Sacó las chivas que mencioné antes y me las dio. L, per un ragazzo piccolino, creo que dijo y se rió haciéndose la graciosa. Mire seño, le dije, yo no vine para chambiar aquí, ¿okey? Si esto es para salir en un acto, órale, pero si no, olvídese; sí, he salido en un par de convites, pero más que todo soy artista. La chava me dijo que no entendía y me señaló la puerta de salida. Un ecuatoriano se me acercó y me contó la onda. ¡Lo que teníamos que hacer era descargar las mierdas que los artistas llevaban para la Bienal! ¿DESCARGAR MIERDAS, YO?, le dije al pobre cuate, agarrándolo de la chumpa. Como ya había firmado los papeles (que ni le leí bien, a güevos) antes de venirme, no me quedó otra que hacerle ganas y pasar cuatro días bien pisados acarriando mierdas diun lado a otro. Al menos, echaste músculo, ¿no?, me pregunta el talega de Cataví. Le contesto que sí, que me puse algo tatanay, pero que también me salieron un par de buenas hernias.

La noche antes de nuestro último día ahí, como cosa rara, me coloqué una señora talega con los demás cargabultos (latinos, negros, chinos, etc.) que para qué les cuento. Hicimos el ajustón para tres pitsas y el resto para vino de categoría, como Dios y los Cuatro Jinetes del Apocalipsis mandan. Ya a verga, empecé a hablar en inglés (con acento mulamalteco, como no) para que vieran que yo no era cualquier mierda, a gritar a los cuatro vientos que YO era artista (les enseñé a todos mis formatos y mis manualidades) y a armar camote con el que se me pusiera enfrente. Me güevié una canoa de ésas (se llaman góndolas, cerote, me dice Cataví) y casi me voy a hacer verga al Puente del Rialto. ¡Río Alto, Río Alto, jajajaja!, me acuerdo que gritaba. Aqueos se cagaban de la risa de mis muladas. ¡SOY MULAMALTECO Y QUÉ! ¿SABEN ONDE QUEDA MULAMALA, PISADITOS? Los mulas se miraban entre sí y sólo se reían. ¡AQUÍ MIREN VE!, les gritaba y me tocaba el tanate. Y ji ji ji y ja ja ja. Y que vivan las putas. Y ji ji ji y ja ja ja. Y que viva la nostra Venezia. Y que el último que llegue nadando a aquea iglesia, paga. Y que… Alguien le fue dar parte del escándalo a nuestro jefe, un italiano cejudo, chaparro y con cara de lasaña. Me putió el hijo de su madre y me advirtió que si no me comportaba y me iba “inmediatamente” al hotel, no me iban a pagar ni mierda. Mira vos Ramazotti, por pisto no te agüevés, mano. Si el vergueo no es el pisto. La onda es que aquí a uno lo subestiman, viejo. Yo vine aquí para exponer y ¡mirá lo que me ponen a hacer, pues! El maje me dijo que me calmara, que no sabía lo que estaba diciendo. ¿Ah, no?, ¿ah, no?, le decía yo ya como la gran puta. Lo último que miacuerdo que me preguntó fue algo así:

―Pero a ver, ya que insiste, ¿qué sabe de arte? ¿sabe usté algo de Tiziano o de Tintoretto?

Nel, sólo he oído hablar del Chano y del Beto… Son los mismos, ¿no?

Y aquí otra vez, ya de vuelta, con goma moral y altos cargos de conciencia… ¡onde repisados!


PD. Turuy, ¿conseguistes al fin varitas de coyote pa’ tus barriletes? ¡Ojalá no te me vayás a indigestar de tanto fiambre! Saludos fraternos.


Foto archivo personal © 2007