14 ene. 2008

MANO, NO LLEVO NI VERGA, FIJATE


Asturias dijo una vez que en Mulamala sólo se podía vivir a verga. Toda la trompa atascada de razón, vos Míguel, se ríe Lico, que apenas si le encanta el trago. Un país, una ciudá no serían lo mismo sin esos pintorescos puntitos desperdigados por los parques, las banquetas, los callejones, los portales comerciales y las inmediaciones de los mercados y las terminales, oséase, los bolitos, pues; o los charas, como quieran llamarles. A menos que vivás en unos residenciales en una zona de pisto, en una narco-isla allá entre Barrios y Belice, refundido en la Sierra de los Lacandones o que no salgás de tu casa ni siquiera a güacaliar la calle cuando pasa el Rezado, no vas a atinarle a la onda, pero vos decí que sí, honbre. (De todos modos, tu aprobación no nos sirve de ni verga. Los hechos, hechos son y punto). Como te venía diciendo, los bolitos abundan y parece que son el vivo ejemplo de la frasesita de nuestro Nobel literario. No voa entrar en mierdas éticas, por aqueo de que siempre hay un familiar (o incluso, uno mismo) que anda comiendo mierda en la calle y palidiando por un su quimicazo. El objetivo de mi discurso, querido lector o lectora, no es juzgar ni despreciar a nadie. Aunque quisiera, no podría. Charamila he sido siempre, sólo que no me gusta darme color, más que todo por mis señores progenitores. Pero dejemos ahí la onda y pasemos a lo que rialmente nos incumbe. Un bolito en pleno estado de bajón y cruda de malamuerte es exactamente igual (o pior) a un canditado presidencial en pleno éxtasis de lavado de coco y compra de votos en un mítin electoral: descarados y mentirosos, o sea: suelas y pajerazos, capaces de vender a su nana con tal de una choca o de un puto voto, respectivamente.

¡Chavo, chavo! ¡Haceme un campañaza, papaíto! ¿No tenés una choquita por ahí, mano? Según vos, te iba a dar tiempo cruzar la calle antes de que el pisado se levantara de la banqueta de la esquina y te acaparara. ¡Huy, mano, hoy si te voa quedar mal, fijate! ¡No cargo ni un len, viejo! He ahí la contestación. Pregunto: si no le vas a dar ni mierda, ¿de qué putas sirve que te toqués las bolsas del pantalón como diciéndole: oí, fichas no llevo, si no, sonaran? ¿Creés que el cerote es mula para no acordarse de que los billetes no suenan? Primero: acordate de que vos también podés parar así, cerote. Segundo: con esa choca que llevabas bien escondida en la bolsita pequeña de tu pantalón podías haber evitado que el compadre se muriera de la cruda. Tercero: si sos codo o andás más pelado que todos los charas juntos, ¿a qué salís a la calle? Pero vos, Rex, ¿no que no ibas a entrar en mierdas éticas, pues?, me dice Lico. Tenés razón, pero es que a veces la mara saca de onda, le digo, ¿te gustaría que un pisado te mandara a la verga sólo porque pedirle un favor? Lico dice no con la cabeza. ¡Chato, chatío! ¡Soy el Canche, vos! ¡Puta, no me reconocés! ¡Si yo soy como de la familia, honbre! ¡Con tu viejo somos así-así! Error haber entrado a la tienda a comprar chicles, ¿no? Detrás tuya entra el Canche (que te tenía bien tuluquiado) y de ahí ya no salís hasta que no te haiga contado que tu viejo es la mera verga, que a vos te cargó de ixto, que siempre te ha admirado y que no creás que quiere pisto ni nada de eso, pero… (¡Ahí va el “pero”!)… si llevás por ahí cinco pesos que le prestés, te lo agradecería en el alma porque cabal hoy le güeviaron y se quedó sin pasaje para Chimalyo soy de allá, vos, ya sabés, cuando querrás ir, le digo a mi señora que mate una gallina y… Como cabal te agarró sacando sendo billetío dia cinco de la billetera, he aquí la contestación: ¡Ay, Dios, viejo! ¡Si el pisto fuera mío, puta mano, con gusto, honbre, mextraña! Ante la necedá: Mirá pues, un peso te puedo dejar, mano; así de buena onda, ¿oíste? Lo demás es para el pan…

Lo más mierda que uno puede hacer es decirle a alguien como el Canche: mano, yo te hago la pala, pero para guaro no, ¿oíste?, para un tu pan con algo, sí, pero para guaro, nel. ¡Es como si tu chava por fin te sacara de la cuarentena en la que te tenía y en lugar de decirte “chimemos” te dijera “hoy hay 2x1 en Domino’s”! Con el Lico hemos craniado ciertas técnicas. Si te salen con que es para comida, deciles que vos para trama no tenés pisto, sólo para guaro, a ver qué dicen. Si son sinceros y te piden para guaro, hacete pasar por mormón callejero y predicales la palabra de Dios, seguro que te dejan hablando solo; o, si te la andás pelando, acompañalo y mirá que sea cierto. Si te salen con que sólo les falta una vara para ajustar para su pasaje hasta Escuintla, contale aquea anécdota de cuando te fuiste con el Toyo a Panarock, a puro jalón, ida y vuelta, y hasta con veinte quetzalitos en chocas regresaste… en fin, el resto de las técnicas no se las voa contar, pisados… la mara se malacostumbra a querer tener siempre la mesa servidota. En resumidas cuentas, la mierda es no hacer sentir mal a nuestro prójimo, pues. ¡Ése es el vergueo! Entre casaca y casaca, le podemos voltiar la tortilla y salir bien libraditos del asunto. Hay dos opciones: dar o casaquiar. Cada vez que veo venir a un hermano bolígrafo, ya sé a qué pisados me atengo: a que me agarre de cliente con un vergo de pajas. Por eso, antes de que me diga vos, colocho, haceme la carid… le pongo en la mano una su ficha, sin que la vea, le cierro el puño y le digo que se la guarde bien y que no me agradezca; hago que se meta el puño entre la bolsa y le deseo que Dios le acompañe. Cuando se da la media vuelta, me levanto de la banca y me voa la verga, con una sonrisa de oreja a oreja, después de haber hecho “la buena acción del día”.

¡Aprendan pues cerotes!



Pd. La idea de “la buena acción del día” se me ocurrió una vez que me encontré en un lote baldío una bolsota llena de fichas (sin valor) para jugar maquinitas… jejeje. ¿Acaso Hermano Pedro dice que aquí, pues? Eso sí, no traten de hacer lo mismo con los billetes del Bancopoly, porque la mara tampoco es tan mula.