28 jun. 2008

YO EN EL PAÍS DE LAS MARAVÍAS (SEGUNDA PARTE)


Resulta que el otro día el cerote del Carlos Peña se puso mero terco con que fuéramos a refrescarnos el gaznate a su chante. Yo no quería, porque no sólo andaba algo "perjudicado" (me habían sacado un par de muelas), sino porque tenía quir a trer a mi vieja al mercado y de ahí podar la grama. Me prometió que me iba a presentar a unas sus cuatas sudaméricanas (iba a decir fans pero olió que le iba a sacar la madre) y que sí, que venite, honbre, que vas a ver, que la gran puta. Le dije que me agarrara de maje y acepté. La onda es que agarramos camino para una finquita que le regalaron a aquél en Sipacate, ahora sí, sus fans de él. Al llegar, me di cuenta de que había tres o cuatro carrazos parquiados en la entrada. Unos conocidos míos, presumió. ¿Pero seguro que hay culos?, insistí poniendo cara de más-te-vale-pedazo-de-mierda. Me extraña, Rex, me dijo. Al bajar del BMW, me di cuenta de que Peña iba cagado. Claro, con el aromatizador del carro no se sentía, pero al bajarnos... ¡fuaaaaa! ¿Y vos qué putas?, le dije tapándome la naríz con la playera. Mi mamá hizo coyoles por mi santo y ando con chorrío, cerote. Entró corriendo, supongo que a cambiarse. Yo entré después. Estaba oscuro y olía a mojarra. Me imaginé que íbamos a ver Nerón y las princesas sumisas a los Cápitol. Todo empezó a pasar rápido, como si estuviera programado. Una luz se encendió en el fondo. Velorio se levantó de su catre y me recibió con un apapacho full-aletazo. Tus chistes son una mierda, Rafa, le dije, ¿no te da clavo? Vi que tenía los ojos puspos y que se sonaba los mocos con un cótex. Me contó que andaba de bajón porque hacía media hora lo había mandado a la verga el amor de su vida. Me mandó un telegrama, mirá. Leí: mi hija no lo entiende. hasta aquí romance. rasuré bigote. olvidate de mí. att. alfonsín. Viéndolo ahí todo echo mierda al pobre, sólo me reí un minuto. Uno nunca sabe.

Según pude deducir, Portillo se había hartado de las chingaderas de Velorio y tenía otros planes como todo buen prófugo. ¡De lo que uno se entera, miren ve! Le dije que eso le pasaba por mula y le pregunté que dónde putas estábamos. Ésta es una iglesita que construyeron los Gutiérrez, vos. Diciendo eso cuando ¡click!, se encienderon unos reflectores. ¡Velorio y yo estábamos en el altar mayor! Maliado y sin entender ni papa, me di la vuelta y salí a buscar a Peña, para "acariciarlo" un poco al talega. Abriendo el portón estaba cuando entró Anabella de León (¿hermana de Estela?) como Dios la trajo al mundo. ¿Ónde vas, Rex?, me dijo, agarrándome del brazo. Yo... es que... a ver... Me estaba arrinconando y tratando de jetiarme a lo puro bandido. Unas amigas y yo hemos venido para conocerte, papi, me dijo, entremos, venite, no siás miedoso. Y ahí va el otro de mula, pues. Tocame, me pidió, empinando un poco el cutete. Mientras mi mano temblorosa le exprimía sendas nalgas, Rigo Tóvar empezó a sonar endiabladamente. Anabella se escabulló de mis manos y entonces me di cuenta de que no era una iglesia sino un rastro. Sí, donde matan reses, coches y chuchos. Empecé a andar entre vacas y coches destazados, menéandome eso sí, con el musicón, como que fuera un sirenito, hasta que vi que desde una especie de columpio oxidado brincaba Efraín vestido de cuque, con un delantal todo manchado de sangre y un gorrito como de cholojera. Ya me llevó puta, pensé.

Pasá adelante, vos pisado, me gritó, ¿tenés hambre? Y sed, mi generalísimo, pensé al mismo tiempo que me lo imaginaba bailando aquea de muévelo, muévelo, qué sabroso, muévelo, muévelo, cómo me gusta... ¿El General, no? Me acerqué, levantando el brazo al estilo Jítler. ¿Dónde están los culos, viejo? Degollando a un pobre marranito pinto, intentó no contestar sino más bien abrirme el apetito: Hay colibrí a la plancha, taquitos de puré de nabo, dulce de súchiles y mango con pepita y chile, ¿una chelita? Me zampé dos latas de un sólo, para ver si me ubicaba un cacho. Pero no pasó nada, así que decidí zafar bulto. Bueno, ya jalo Efra, me da naúseas este olor pisado a carne. Aquél no me amenazó con el hachita pisada que tenía ni sacó cuete ni nada, pero me rogó que me quedara. Detrás de una cortina de bambú y conchas se oyó una voz de mujer (como la de La Llorona), llamando al Yeneral Electric. Entrá vos, me dijo, aquea suelta, a lo macho, y le gusta que la chiquiteen. Te presto mi gorrito si querés, para que crea que soy yo. Me rasqué la cabeza. ¿Anabella?, pregunté. No, cerote, es Zury. Pegué un salto de la emoción y casi lo abrazo. ¡Pajas, honbre, ja ja ja, te estoy probando!, me dijo y me metió al cuarto de una patada, cariñosa, claro. Ahí ni señas de Anabella, sus cuatas, Zury, Peña, Velorio ni ni verga. No se oía nada. Luz opaca como de hospital de mala muerte. Olorcito a incienso. Una mesa en el centro. Una foto mía, ya algo viejo, donde me abrazaba una calaca. Un muñeco de pishtones, una bolsita de chirmolito y un cuto. No había silla. Me pusé a buscar. En un rincón, encontré unas cajas. Abrí una. ¡REX, caístes, estás en La mira con K-riño!

Y se encendieron todas las luces. Y empezó a salir mara de todas partes, el equipo técnico, aplaudiendo, cagándose de la risa, y llegó Peña y el resto de los actores (eran dobles, aguántense esa casaca), y mis cuates y la marufia de El mero chonguengue. Y me pidieron que saludara a la cámara y toda la onda. Entonces respiré profundo, me quité la playera y me le dejé ir a Peña... ¡Fue idea del Beto, fue idea del Beto!, gritaba la mara intentanto evitar la desgracia de ver a uno de sus ídolos muerto. Y de ahí, lo único que miacuerdo es que era mi cumple y que por salir corriendo a recibir a mi abuelita, me metí un talegazo en la mula con una maceta colgante. Cumplía 18. Y ahora, la verdá, es que ya no sé ni cuántos tengo ni cuándo fue que pasó lo que acabo de contarles. Pero de que pasó, pasó. Un mi primo no estuvo ahí, pero se acuerda. Pregúntenle.


Besitos guapachosos, jejeje.


Por si quieren leer (o volver a leer) la primera parte, aquí la tienen, en vivo y a todo color.

Pd. La imagen la encontré en Ojo espiral... ¡como anío al dedo!

4 jun. 2008

¡YO LE VOY A LA AZUL Y BLANCO!


Sí, la verdá es que fue un partido complicado. Se trabajó duro con el Profe entre semana pero al final no se nos dio el resultado y ahora pues a seguir trabajando… Ni el 6-0 que les acaban de zampar impide que al capitán le dé clavo de ser entrevistado por los del 7 y salir en la tele como si nada. Y lo más pior: ¡hablar como argentino! Un pobre entelerido mierda, empapado como un zanate (¿de la cruda?), dando declaraciones con acento maradoniano. Mientras, la afición (iba a decir “turba enardecida”, pero no soy uno de esos periodistas puramierda que abundan en el ámbito local) afuera apedriando el bus del equipo visitante. Eso, para empezar. Después, esa… Vos, Rex, disculpá que te interrumpa, me dice Braulio, si vas a hablar de fut, acordate de que un tu tío entrenó a la Azul y Blanco y a un par de equipos de la Liga Nacional. A veces me dan ganas de verguiar a Braulio; siempre tiene que abrir la boca el cerote. ¡Ya lo sé, honbre!, le contesto maliado. ¡Tu madre, pues!, me dice. No sólo me interrumpe, sino que además se enoja el muy mierda. ¿Por qué siempre tengo que estar acompañado de estos vagos cada vez que hablo con ustedes? Bueno, volvamos al tema.

Lo que en esta oportunidá quiero expresar (con el perdón de los lectores y lectoras amantes del futbol nacional, ya sea disfrazados de Cremas, de Rojos o de cualquier otro equipo mierda) es que en Mulamala el futbol es un CAGUE DE RISA. No digo esto comparando nuestra Liga con otras Ligas, no. Lo que pase fuera de Mulamala, me pela la verga. (A veces simplemente es mejor NO comparar para no salir más pisados). Por razones geográficas, en mis joviales años anduve entusiasmado con el equipo panzaverde, con los muchachos del Antigua G.F.C. (uno de los equipos que dirigió mi tío Neto, QEPD). Digo esto para que no crean que yo nada que ver con el fut, pues. A parte de esa vena futbolera familiar, lo de maltratar en los estadios se me daba bien, sobre todo cuando ya llevaba “alguito” entre pecho y espalda. Además, de güiro tuve la suerte de militar en las filas del “Huracanes”, dirigido por Don Rabí (así se llamaba el ruco), modelo de rectitud y honestidá (mantenía a su familia empeñando los trofeos que ganábamos) acumulando en mi haber la cantidad de 1 gol (anulado ipso facto por patiarle las manos al portero enemigo) en cuatro temporadas de contrato. Frustrado, como todo futbolista famoso en decadencia, conocí los vicios y me dediqué a la vagancia y a la vida libertina. Tenía 11 años, pero en fin, ésa es otra historia, ¿verdá vos Chano?

Muchos de los futbolistas “consagrados” de nuestra Liga, han salido de la calle y están acostumbrados a las chamuscas con finales cerveceros en las tiendas de las esquinas. ¿A qué se debe ese montón de cicles jateadas en las entradas de las tiendas los fines de semana por la tarde? ¿Qué pisados hace Juan disfrazado de futbolista un domingo a las 10 de la noche, bicicleta en mano, trastumbando y cayéndose de la moronga que lleva? Cuando alguno de esos se convierte en “profesional” y le abren una su cuenta bancaria diadeveras, cambia TODO menos el chupe. Carro del año, culos, ropita de marca, casa nueva y guaro del caro: etiquetas negras, azules, verdes, fucsias. ¿No encontramos una vez al Pescado Ruíz en un after, botella en mano, cabal para los partidos de clasificación al Mundial? ¿Qué putas estaba haciendo el Pando en Riki’s Bar con dos mulatas de bonita nalga luego de una “concentración” con la Selec? Pin Pun Plata le metió un gol a Brasil, Rex, acordate, me vuelve a interrumpir Braulio. ¿¿Y?? ¿Acaso no están para eso, pues? ¿Para jugar bien y meter goles? ¿Por qué tanta bulla por un puto gol? Machón jugó en la MLS, Pezzarosi calentó la banca del Bolton y Swisher se echó su vuelta por Polonia. ¿¿Y?? ¿Algún “buen” resultado? ¿Algo trascendente? ¿NO, VERDÁ? Eso, aparte del vocabulario de nuestros locutores deportivos (cancerbero, testarazo, esférico, zaga, césped, lain-man, etc.) es lo más cague de risa.

Para mí, lo chilero de todo no es el fut sino la chingadera, el ambiente, el antes y el después del partido. El futbol ―porque no me vayan a decir que en Mulamala hay nivel― es una falsa ilusión. Es así, muchá. Podemos ser buenos para chupar, para chafiar mierdas, para hablar pajas, para echar mano, pero NO para jugar fut. Podemos ser Cremas o Rojos y idolatrar a una partida de cerotes que hasta podríamos ser nosotros mismos, (porque les encanta el guareque y algunos no le pegan ni a la barriga de la vieja), pero no hay un más allá, muchá, todo es puro cuento, puras llamaradas de tuza. Dejémonos ya de mierdas y seamos realistas. ¿Qué nos cuesta? Como vuelvo a repetir, para mí lo chingón es el chupe (¡Esas mesas repletas de litros, Rigo!), los chicharroncitos y los Tortrix, la dulce decepción de que perdió el Deportivo Mictlán, los respectivos vergazos, las sacaderas de madre a los árbitros, las ametralladoras porque subió Juventú Retalteca, los bochinches en nuestros estadios de mala muerte, las caballadas que dicen los “comentaristas deportivos”, las bolsas de miados y los fichazos cayendo al campo, los autogoles y los putazos que agarran los defensas (¡Viva Patulul!), el fervor de los chatíos ahí con sus camisolas chafas y sus pitas en la ñola, en fin, tantas mierdas que hacen que el futbol (nunca en el “terreno de juego”) valga la pena en Mulamala. Para mí, el fut es ESO (pero no la galosina, Braulio, no sias mula). He dicho.

Se despide, apoyando siempre al deporte nacional y a la desaparición de esa mierda de Premio Nacional de Literatura Guatemalteca (porque se lo dan entre los mismos cuates, después de ver un partido de fut y de chimar en plan... orgía estética, jajaja):

REX

(¡Lujo, vaaaaaa!)

Pd. La imagen me la encontré aquí y me la traje, así de suela.