22 ene. 2009

¡AGARRÁNDONOS DE MULAS, QUÉ PISADOS!


Mirá lo que me compré vos Rex, me dice Chilo, y me enseña una estuchito con diez desarmadorcitos de varias formas y tamaños. Le pregunto que para qué pisados los quiere y me contesta que no sabe pero que pela la verga porque sólo le costaron cinco varas. Chilo es el típico cerote que lo que ve quiere, tan fácil de engatusar que si fuera puta ni cobraría. En su cuarto tiene una mesa repleta de mierdas que compra en las burras: bolsitas de menjurjes y montes para malestares múltiples, llaveritos de fantasía, lapiceros de ocho colores, set de tijeritas para uñas encarnadas, libros de cómo rellenar documentos importantes (incluyendo cartas de amor, ojo), billeteras de cuerina de lagartija, libros para pintar (de Dumbo, Teletubis, etc), pulseritas multicolor anti-toda-mierda, encendedores chafa, ungüentos quitamanchas, discos piratas de Pimpinela, dulces, chicles y confites de dudosa procedencia (ojalá les zamparan drogas, imagínense el pijeo que se volvería en las burras), etc. Si hiciéramos cuentas de todo el pisto que se ha gastado el cerote en tanta mierda inservible, le alcanzaría, por lo menos, para pagar un par de lirios de vez en cuando. Ah no, pero el mierda prefiere “ayudar a la mara” y comprar ondas “que en cualquier momento puede necesitar”. Uno nunca sabe, vos, me dice, el otro día me salió una ronchita en el güevo y me eché una pomadita pisada de esas y al día siguiente como si nada, vos. Eso sí, olía como a ajo y me ardió un cacho, pero qué pisados.

La mierda es que en Mulamala, supuestamente, todos nos estamos muriendo de hambre. Sé que hay mara que la verdad es que está palidiando, pero también sé que hay otros que en la pobreza han encontrado su modus vivendi. ¡Ahí está el detalle!, diría San Cantinflas de los Bigotíos de Axila. ¡Cuánto pisado no se sube a las burras a vendernos babosadas, muchá! Mareros mierdas que se convirtieron al Evangelio y con esa su casaca pisada de “no vengo a robarte, mi hermano” creen que “tema resuelto, cómo no, borrón y cuenta nueva”. Te ponen una cara los pisados y entre cita bíblica y testimonios de a cuántos pisados asaltaron a punta de cuete, te dejan ir los talegazos (mensaje subliminal, pues, como en los discos de Thalia al revés) para que les des pisto y vos, con tal de que no vayan a pelar cables los hijos de puta, acabás dándoles billete a cambio de una calcomanía con algún dibujito y una frase cursi. Agarrándonos de mulas. ¿Qué más? Ah, sí, si no son mareros o drogos, son predicadores. Cuando sentís, entre cabeceo, acelerón y frenazo, ya se subió un pisado, biblia en mano y/o guitarra, a echar casaca sobre el fin del mundo, el arrepentimiento, las buenas acciones y la gran puta. Según vos, el cuate sólo va echar punta con alabarés y no va a lucrar porque su misión en este Valle de Lágrimas es e-v-a-n-g-e-l-i-z-a-r, pero resulta que no, que no es ésa su misión. Igual que Cash Luna (…de Xelajú), su pedo es sacarte vara, un par que fichitas, aunque sea. Lo que sea tu voluntá, varón, Dios te devolverá el doble, te aseguran poniendo cara de mango mallugado. En fin, agarrándonos de mulas.

Si no son esos mierdas, es la mara que supuestamente se quedó sin su pasaje de retache (con todo y la fanta) a un lugar que “siempre” queda hasta la verga, y resulta que no han comido desde ayer y resulta que les pusieron allá por el Trébol y resulta que ya sólo les falta no sé cuánto y resulta que hoy por ti y mañana por mí y pata-tin, pata-tan… Agarrándonos de mulas. O si no, los pobres ixtos que se hacen los sordomudos y pasan de lugar en lugar dejandote chivas en las piernas. Algunos a lo mejor son “originales”, pero no todos. Cuando el güiro haya pasado de su lugar, díganle: ¡vos, chavo! y ahí me cuentan. O si no, los eternos enfermos o sus supuestos familiares: el cuate que necesita medicina carísima porque sufrió un accidente, el don que tiene a su patoja internada en el San Juan de Dios o, como la última, la doña que anda recolectando para una caja de muerto. ¡Llevan meses con el mismo cuento! ¡Resulta que a la doña cada sábado se le muere alguien y no tienen pa’ la caja! Te enseñan un vergo de papeles con firmas y sellos (que no vas a leer, a güevos) y ¡pum!, ya vas sacando un quetzalito para que la mara no diga que qué desalmado, que qué pura mierda o que qué agarrado es uno. ¿Díganme si miento? ¡Y sólo estoy hablando de los que se suben a las burras! ¡Faltan los callejeros! ¡Puta, noooooo! Agarrándonos de mulas. Así de fácil.

Dicho lo dicho, cualquiera de ustedes me estará sacando la madre. Va, lo acepto, en lugar de corazón tengo un adoquín, pues. El corazón se lo di en trocitos a los marranos de mi difunta tía Julita y por eso soy así. La mierda es que en Mulamala se muere de hambre el quiere, el que espera que le caigan las mierdas del cielo. ¿Acaso no somos lo suficientemente mulas para agarrarnos de mulas entre nosotros? Piénsenlo bien. Es una cadena pisada. Así vivimos. Pistío fácil. Casaca fina. Al suave, viejo. No me ignorés. No voltiés a ver a la ventana. Al güiro que por lástima le das pisto, lo está esperando su viejo para pedirle cuentas y al viejo lo están atalayando los dilers, por ejemplo. Un pequeño eslabón de un engranaje pisado gigantesco. ¿A dónde putas va a parar rialmente el pisto que nos sacan? ¡Sepa putas! Pero raras veces creo que sirva para lo que supuestamente nos dijeron. Antes era otra cosa. Se subía un pisado o dos por semana, como mucho. Pero ahora, ahora la mara tiene hasta organizados sus trayectos. Hay sindicatos, horarios y comisiones. Hay vergueos si alguien se cambia de zona sin previo aviso. Hacen convivio navideño. Hay compadrazgo y también orejas, para que no haiga tushte. Hay una cúpula intelectual: los que cranean las “casacas” y los “inventos” para salir a agarrarnos de mulas. En fin. Otro orgullo de Mulamala. Al menos no andan güeviando, me dice Chilo, que acaba de usar un quitacheles (comprado en la 40R) y tiene los ojos como si ‘biera estado cuajado tres días, todos puspos. Ahí sí, Chilo, toda la boca atascada de razón, le digo más o menos convencido.


Ilustración de Fermín Solis © 2007

2 ene. 2009

¡FELIZ DAÑO, GÜEVO!



…Y mis propósitos para este nuevo año son: a] sacar más la madre y tragar menos bilis; b] convertir la casa de mis viejitos en motelito; c] guaquiar en lugares públicos (atrios de iglesia, burras, supermercados, etc.) cuando ande a verga; y d] practicar la sacrosantísima y única religión de la indiferencia (emos, mirreyes, zorritas de Hi5, pastores evangélicos, fresitas, etc.)… dicho esto, procedo a zamparme un buen putazo de lo que haiga y a escupirle el resto de hielitos que me quedan en la trompa a quien esté enfrente. ¡Feliz Año 2009! ¡Feliz Año 2009… los pelos! A mí no me vengan con esas mierdas de propósitos, buenos deseos y tanta mierda trillada, muchá. ¡Cada puto fin de año es el mismo disco rayado y la misma cantaleta! ¿Es que acaso a alguien no se le puede ocurrir algo más novedoso? No sé, ¿en lugar de tanto abrazo pisado mejor una buena verguiadera entre todos? ¿Incendiar la casa del cuate que más nos caiga mal con gasolina y unos tresciencientos silbadores? ¿Secuestrar al abuelo de tu traida y que tres días después aparezca encima del Nacimiento, en calidá de Pastor Adorador del Niño? ¡No sé, algo nuevo pisados! ¡A mí no me miren, mierdas! Sí, ya sé que son tradiciones y que sí, que la gran, pero… ¿Cuántas veces no he oído yo decir a alguno de mis prójimos que ya no va a chupar, que se va a poner a dieta, que se va a formalizar? ¡Lo viene diciendo desde que teníamos 18! ¿Y quién me explica a mí sus tres ixtos regados, su barriga XXL y su vergo de ingresos en Remar? De seguro no se hartó bien las 12 uvas, vos Rex, me dice el Arnol. Mírense a este mula... ¡No digo pues!

A lo mejor se trata de una onda de fuerza de voluntá, a lo mejor. Para mí, es sólo una forma de medio llamar la atención y de ilusionar a nuestra pobre familia, muchá. En el fondo, ya sabemos que NO vamos a cambiar, pero si lo decimos (y repetimos) en la cena de Año Nuevo, poniendo caras de convicción (tipo campaña electoral), una mano en el pecho (como en la catequesis rezando el Yo, pecador) y haciendo la señal de la cruz tres veces (tipo jugador de fut entrando al campo), ahhhh, eso ya es otra cosa. ¡A la verga el Brindis del Bohemio y bienvenido el Brindis del Pajerazo! Habrá alguien que se la crea (el shute de turno; véase: cuate que acostumbra a llegar a dar el abrazo cinco minutos antes de la cena bajo el pretexto de: feliz año diuna vez, por si después ya no nos vemos y suela se sienta a la mesa) pero ojo, nuestros viejitos no son mulas, muchá. ¡Para actores, los traiditos de La casa de enfrente! Yo, por eso, calladita la trompa, sosegadito, haciendo sho, alerta al nivel de las botellitas y controlando que nadie se pase y empiece a decir muladas, más que todo por aqueo de los trapos sucios y los cagadales. ¡Con la familia mucho cuidadito, muchá! Si rialmente quisiera cambiar algo de mi vida, ¿por qué esperar para fin de año? ¿Por qué no empezar, pongamos, un 13 de marzo o a mediados de agosto? Para fin de año hay congestión de deseos y propósitos. Piénsenlo bien. ¡Por eso no se cumplen! Al mismo tiempo que vos estás deseando ganar más, tu jefe está deseando que te quedés como estás o, incluso, que ganés menos. Si no esperaras hasta fin de año, a lo mejor se te haría… ¡Mirá qué lindo el Rex que hasta en bandeja de plata te pone la solución a tu vida pura mierda, pues! ¡Y de gorra!

Celebrar el Año Nuevo no es sólo engañarnos a nosotros mismos, crear falsas ilusiones ni seguir como borreguitos la tradición, muchá. No, es más que eso. Es como los cumpleaños: ver que nos estamos haciendo viejos y no hemos hecho nada realmente trascendente. El tiempo es como la última burra, tipo 10 de la noche, que va hasta la verga: no para. ¿Qué pasó con los deseos y propósitos de hace un año? ¿Quién cumplió lo de quebrarse a algún marero? ¿Quién se sacó la Lotería Santa Lucía? ¿Quién dejó de frecuentar puteros, burdeles y barras por problemas de salú? ¿A quién le dejaron de salir granos, hongos, caspa y espinillas con el tratamiento mezcla jabón de coche, balsámico gms y escapulario de San Hilario en pecho? ¿Alguna cuata que con un suspiro se le fue a la chingada la celulitis y se le levantaron las tetas? ¿Quién dio el primer paso de ir a los AA, aunque sea de oyente y ahora ya ni confites con piquete prueba? Que dé un paso al frente el que le haiga dejado de quemarle el pan a su traida. ¿Alguien por ahí que ya no pare gaseoso después de un buen platazo de frijoles parados? ¿Quién ahorró para comprarse un su carrito nuevo, de segunda pues? ¿Alguien que me demuestre que de esa panza chelera quin saiz ya sólo quedan unas cuantas estrías? ¿A quién le salió un bodoquito de oro en lugar de los muñequitos pisados que vienen en los Corn Flex o en las cajitas felices? ¿Quién logró resucitar a su chucho jugando güija o inyectándole mosh con vitapirena? Que me de un timbrazo el afortunado que le doblaron el sueldo, le pagaron horas extras que no hizo, le mandaron tres canastonas navideñas y se le salió zoque con la secre en el convivio? ¿A quién le desaparecieron los antecedentes penales y policiales como por arte de magia? ¡Si todo y esto y más se cumplió este año para todos aqueos ilusos pisados, que le crezca el pito al David de Miguel Ángel! Rex es como Santo Tomás… ¡demuéstrenmelo pueeee!

Para no cansarlos pisados, yo ya estoy a verga de “este año sí será provechoso” (que no falte el chupe ante todo), “este año sí se cumplirán mis sueños” (internet en mi cuarto y redtube para entretenerme), “ahora sí cierro este ciclo y empiezo con el pie derecho” (chupando más fino; adiós al clandestino), etcétera, etcétera, etcétera… ¡vivan el presente pisados y disfruten! Ah, y no sean pajeros, eso hagan. Si van a decir que van a venir a echarse una chela conmigo, de ahí no me salgan con cuentos. No sián bullangueros. Como sé que son tradicionales, deberían de proponerse eso: no picar el maíz, hombre. O mejor: no alborotar las lombrices si de ahí no les va a alcanzar el limón y el ajo para matarlas. ¡Y no es reproche, jejeje! ¡Feliz Daño, Güevo!

¡En el 2010 viene ET, cerotes... aprovechen para ir craniando deseos y redactando mejor sus propósitos... se los dice Rex Mamey, háganme caso!