26 mar. 2009

MULAMALA FELIZ QUE TUS BALAS...


¿Usté es panameño, verdá?, me preguntó un don que venía conmigo en el avión y, en vez de meterle un talegazo por ridículo, le dije: Yo soy Rex, Rex Mamey. Con esa “contestación”, aterricé en el cordial y remodelado Ariopuerto mulamalteco, me llené de hormigas el hocico por imitar al Papa besando la tierra que me vio nacer un día, me puse una mi gorra, unos mis lentes oscuros y salí haciéndome toda clase de bestia para despistar a los fotoreporteros de Nuestro Día que se habían enterado de mi arribo y se estaban peliando por una instantánea. Sólo por no ser culero con esos muertos de hambre, me paré e hice como que me amarraba los rieles, para que me vieran. Y empezaron a caer los flashazos, pues. Tienen buen ojo los pisados, pensé. Pero no. La onda era que detrás de mí venía un tal Fabiolita, de La Academia. Con casaca, saqué mi celular e hice como que llamaba mientras la patoja pasaba y los flashazos se iban con ella. Para mí mejor. Eso sí, no pude evitar verla bien y darme cuenta de que está riquita la pisada. Pero lo importante no era un culito famoso sino que por fin, luego de un par de años gobernando desde Mulaña, había regresado a Mulamala y, aunque sabía que tenía que asistir a un vergazal de eventos y actos oficiales, lo único que quería era empezar a poner orden en cuestiones de logística y suministros para celebrarlo. Ya estoy aquí cerotes. Un sms con múltiples destinatarios: Castillo, Botrán, Gran Joch, Tuco, Lipe, Rigo, Richi y un vergo de elementos más.

El tiempo no me cundió como yo quería, pero en un mes y medio pasó un poco de todo. No quisiera hacer alarde de ni mierda, pero bueno, ahí les van algunas de las actividades y reconocimientos en donde el nombre de Rex Mamey ondeó en alto y vibró en más de algún corazoncito: Doctor Honoris Causa en Grado Ultra por Guaqueros Anónimos y la Fundación Rex Buitre Mayor (el día del acto uno de los meseros tuvo la osadía de pedirme que abandonara el recinto debido a los no pocos adornos estomago-biliares que tuve a bien expulsar a petición de los presentes, lo que desencadenó una justa trifulca con resultados favorables para mi persona y no tanto para el susodicho); Orden del Coche Vitalicio y de las Gloriosas Pocilgas y Bebederos por la Cofradía de los Santos Mulamaltecos, friens an famili (dado que el denominador común de mi estacia fue el alcohol y sus derivados y, aunque no tengo el mismo aguante que algunos de mis prójimo-broders de Las Grandes Ligas, el pueblo mulamalteco se pronunció y lo consideró así, dándome un ejemplo de civismo y de cariño que me hizo un nudo en la garganta y me sacó un par de lágrimas. ¿Así cómo putas iba a negarme? Me vi en la obligación de aceptarlo con mucho orgullo y con la frente sudada en alto); Mulamalteco Insigne y Distinguido de las Malas Artes, Muladas y Ridiculeces por los Señores de El Mero Chonguengue (aunque sólo pude juntarme con dos de sus honorables miembros, la emoción fue grande, los guaros efusivos y la cuenta a pagar un cacho elevada, pero puta, los impuestos de los mulamaltecos son los que pagan, así que me van a disculpar pero había que aprovechar; además, había que celebrar que, aunque yo iba vestido de Alfredito —greña afro y toda la onda—, Güilson, un pisado que estaba en el mismo lugar, me reconoció y se acercó, de la mano de su señora esposa, para saludarme y pedirme un autógrafo; me prometió enmarcarlo y ser el primero en comprar la edición impresa de El Muladar, cuando saliera; incluso me dijo que podía conseguir patrocinio: tengo unos cuates que les va bien con una su cadena de carnicerías en toda la Bolivar y la Aguilar Batres, me contó; los tuve que invitar a su güisquilazo).

Además de la Premiación del Concurso El Muladar es así, ¿y?, en donde tuve a bien conocer e intercambiar puntos de vista con algunos de los asistentes (la mayoría mulafans y bolos de rigor) y acabar seriamente perjudicado por los excesos alcohólicos (¿?), fui invitado a bautizos, entregas de niños, quinciaños (mi habilidá para sobornar impidió que me agarraran de mula para que saliera de chambelán), fin de posaditas, acabos de novena, churrascos, alegres quermeses, baratillos, bendiciones de casas, chiniques, cuarenta días, zafarranchos, graduación de comadronas, ensambles de marimba, limpias, inauguraciones de “puntos” y “mataderos”, aperturas de pacas, velorios y entierros, confirmaciones, casorios, etcétera… rico todo, la verdá. Eso sí, no quise reunirme con Colom porque para qué. El pobre está ahí y órale, no le queda de otra. No tenemos nada en común. ¿De qué íbamos a hablar? ¿De “Poder”? En lugar de eso, preferí a los cuates de toda la vida. Y la pasamos diagüevo. Disfruté, más por el asombro que otra cosa, de frases como: ¿Sabés a quién le quebraron el culo? ¿Adiviná quién se fue a caldo, vos? ¿Ni te imaginás quien se fue horrible? ¿Te contaron que aquel pisado que vivía ahí por donde… apareció muerto hace como quince días? Una tarde entera de esquelas en boca de mis cuates. El Obituario Informativo. Y entonces caí en la cuenta de que mi MULAMALA se estaba perdiendo del mapa hueco y estaba dejando que saliera otro territorio, uno más culero: GUATEBALAS.

Y aquí es donde se me revuelve el estómago, muchá. Aquí es donde la sensación de asco se me acumula en la jeta y me dan ganas de echar hasta lo que no me he hartado. Es una mezcla de asco, rabia y lástima, como cuando pensás en el Congreso, en la partida de mierdas que nos han gobernado desde hace años y que andan por ahí como si ni mierda o en la chavita que siempre nos rechazó y ahora anda con algún narco, dándole el culo a los cuates del pisado y a quien la carrocee en un Mercedes del año. Guatebalas es una selva pisada en donde cualquier salvaje hijodeputa hace lo que le sale del culo, en donde la vida vale verga. ¿En qué momento se les pudo meter a la cabeza a estos cavernícolas de mierda que hay que andar por ahí como si estuvieran en una lica de Estiven Sigal? ¡No están en una lica, pisados! Yo tengo mis soluciones, muchá, pero por respeto a la Comunidá Internacional, me las voa reservar. Talvez más adelantito. Como ven, tratando de recordar mi viaje a Mulamala y viendo cómo están las cosas (la ola de violencia ya parece tsunami esa mierda), sólo me sale decir: ¡pa’ qué vergas!, y hasta se me que quitan las ganas de escribir muladas. Por hoy, eso es todo. Lástima que Estalón ya está viejo, si no lo contrataba. ¡Simplemente no hay respetación! Mal sabor de boca, la verdá.

3 mar. 2009

PENSANDO EN MIS AMIGOS DEL ALMA


Se me ocurre, ahorita que no tengo ni pura mierda que hacer, que una de las condecoraciones oficiales que, como tatascán de lo que es Mulamala, me gustaría proponer (mentalmente ya se le he entregado a algunos de mis allegados) en lugar de esa mierda de Orden del Quecsal (si ni pisto hay para las chelas, mencionar la moneda nacional es un insulto y al ave símbolo hay quirla a ver hasta Baja Verapaz, mejor vayan pasando) es la muchísimo más prestigiosa Orden del Coche. Sí, no se hagan las bestias y levanten las cejas como si no supieran de lo que estoy hablando. En abundancia, el coche vendría siendo como hermano de sangre del mulo y la mula, así que ¡cuantimás! La mierda es que se nos volvería un solo vergueo con lo de los candidatos: hay un pijazo. Sería un galardón del Pueblo y para el Pueblo, no como el otro, el del Quecsal, que si no sale anunciado en el periódico, uno ni se entera. La Orden del Coche, ya de por sí, está íntimamente amarrada (con nudo ciego) a nuestras costumbres más básicas y “milenarias” (para que se suene como si estuviera hablando de los mayas o algo así): tramar, chupar, asiarse y chamusquiar, entre otras. Según el departamento de estadística, TODOS más de alguna vez nos hemos ganado la inscripción en el Tribunal Supremo como dignos “candidatos” a la Orden. ¡Y no me vayan a salir que con que no, con que “depende vos”!

[Hasta me imagino una letanía, para darle un toque más solemne a la Orden, en pleno Acto de Entrega:

Maistro de Ceremomias: ¡Coooooche mierda!
Multitú congregada: Rrrrrruega porrrrr la vieja
Maistro de Ceremomias: ¡Shuuuuuco pisado!
Multitú congregada: Rrrrrruega porrrrr tu madre.
Maistro de Ceremomias: ¡Marraaaaaano hijueputa!
Multitú congregada: Rrrrrruega porrrrr la más santa
Maistro de Ceremomias: ¡Ceeeeerdo cerote!
Multitú congregada: Rrrrrruega porrrrr la más joven
Maistro de Ceremomias: ¡Cochiiiiiino desgraciao!
Multitú congregada: Rrrrrruega porrrrr la más quieta
Maistro de Ceremomias: ¡Pueeeeeerco maldito!
Multitú congregada: Rrrrrruega porrrrr la más desveturada

Las posibilidades de combinaciones son bastantes. Las contestaciones sólo son ejemplos: que cada uno ponga (diga) los suyos de acuerdo a su nivel cultural. El mío, como ven, es pulcro y elevado]

Pues sí. Es que puta, no sólo somos mulas sino además coches, muchá. Esa es la realidá. Más allá de las comparaciones físicas (gordo = coche), eso quién no lo sabe, ya ni siquiera ofende. Doña Ofe compra 5 pesos de pan para la cena y ¿qué hace Selvin, su hijo? Se aplasta a ver Los Sinpsons y se vuela los 5 pesos de pan el coche mierda. ¿Y de güiro? Ja, de güiro era ejemplar el mierda. Nada más empezó a gatiar y, a parte de creer que la tierra de las macetas era pastel de chocolate, se comía las hormigas y los chicles que encontraba tirados o pegados debajo de las sillas. De ahí se aficionó a los jutes, a los gusanitos de las naranjas y al duropor. Siempre hablaba con la boca llena, se tiraba pedos en los almuerzos familiares y, cuando se encerraba a cagar en el baño, se echaba unos eructos que se oían en toda la casa (las dos primeras líneas del himno nacional y los nombres completos de sus tres hermanos los podía decir eructando). Con 10 años quebró a un pisado y a su primo chamusquiando, y a otro le botó dos dientes de un codazo jugando Tenta pajarito. De ser un simple puerquito asalvajado, pasó a un terreno más profundo. Ahora es especialista en mezclar la comida (banano machucado con crema y sal; frijoles duros con sirope y pedacitos de champurrada; etc.), en usar el mismo pantalón de lona dos o tres semanas (sin ni siquiera sacudirle el ruedo) y en tirar todo tipo de basura en donde le ronque el culo.

[Plus Aprendé con Rex Mamey: ¿Sabías que Porcel no viene de “porcelana” sino de “porcino”?]

En sus momentos íntimos, se quita el sebo que se le acumula en el capote y de ahí se güele los dedos (lo mismo cuando se rasca el hoyo) y se pajea a diario viendo bailar a las putas de Con buena onda o con los catálogos de ropa interior de Avón mientras se toma un su tazón de arroz con leche (reconoce que a veces no calcula bien y de la emoción para salpicando el tazón y de ahí se empina lo que queda) Pela, es mi atol, qué pisados, se ríe. Como diría la Mafer: ¡A la pero qué cochino, osh, qué asco! La última vez que me lo encontré, estaba desparramado en una banca de un parque, con una bolsa plástica negra. ¿Qué cargás ahí?, le pregunté. De todo un poco —me dijo—, probá estas galletitas. Era concentrado de chucho con quetchup. Una vez me contó que por curiosidá probó sus miados (véase: efecto “ahí en la fuente había un chorrito”), sus cheles y su cerumen. A los 17 años contabilizaba 2 litros (sólo él) para ponerse a verga y ahora, a sus 25, con 4 anda coquetón y con 5 ya tambalea. Eso sí, si se cuaja una su hora o dos, de ahí se levanta y sigue como si ni mierda, aunque ya no quiera chela sino guaro. De jueves a domingo. De cochino pasó a reverendo coche. ¡Admirable! ¡Simplemente admirable! ¡¿Qué muchachona no quisiera pasar el resto de su vida con Selvin?! Selvin es, sin querer entrar más en detalles, el prototipo del perfecto coche que encajaría a cabalidá con la Orden del Coche que quiero instaurar en lugar de la otra. Yo creo que es justo y necesario, muchá. En lugar de que sólo un pisado (casi siempre extranjero) se lleve las palmas y los laures, habiendo miles de prójimos nuestros esforzándose cada día por ser los mejores cerdos posibles, como que no muy me llega.

[Plus Aprendé con Rex Mamey: ¿Sabías que en realidá el nombre del bataquero de Bronco era Coche y no Choche?]

Y por si piensan que no muy estamos influenciados por la figura porcina (casi igual o más que por la figura mular)… díganme, ¿a qué les suena esto: moronga, longaniza, chorizo? ¿A trama, chupe y chime? Rex no es ningún Leonardo Da Vinchi, muchá, como para andar inventando. De ahora en adelante, quiero sentir ese orgullo pisado por un valor desprestigiado: ¡la porcicultura! ¡Y ay de aquél que reniegue, muchá! Acuérdense que a cada coche le llega su sábado y no hay mal que por bien no venga. Despidámos pues al Quecsal y démosle la bienvenida al Coche, que más méritos tiene y más… ¿A quién le dicen Quecsal de apodo? ¿Y Coche?

¡Ganamos, cerotes!

Pd. La foto es de su servilleta.