23 sep. 2009

SANA, SANA, CULITO DE RANA




Hoy quiero hablar de algo que de alguna o otra manera nos gusta a todos. Bueno, eso digo yo, tampoco me pasen mucho balón porque a veces sí como que nel. Es una de las palabras estándares, pilares, símbolo, insignia e infaltable baluarte de nuestra controvertida y sacro-jocosa cultura mulamalteca. Etimológicamente NO es familia de las milusos: mierda, puta, pisado, cerote, pipe y pusa, pero como que lo fuera. Rica en sí misma (lo digo sin albur, que conste) es también un cúmulo (¿contracción del culo de mulo?) de derivaciones con un montón de usos y significados presentes en nuestro diario vivir y en nuestros momentos especiales (¿Ya vieron cómo me expreso? ¡Ja, chila mierda!). Del latin culus, estamos hablando aquí de la carne blanda que conforma el fin del espinazo y el nacimiento de lo que son los muslos. Viéndolo como lo vería un güiro (y muchos de nosotros), nos referimos a dos porciones uniformes (aunque no siempre) de carnasa redonda divididas por una raya y remachadas ―como en los respaldos de algunos sillones de cuero, con sus botones hundidos― por un hoyito arrugado en el mero centro (véase: hoyo, ojal, anófeles, fundío, centroide, Óscar, anillo), por donde hacemos popó y por donde a las chavas y a los huecos “les remueven los cereales” o ya sea “los chiquitean”. Así es el culo, ¿no? O al menos, yo así me lo imagino. Tapado o no, es una parte de nuestro cuerpo capaz de provocar un bonito abanico de sensaciones, desde hambre hasta asco. Aunque lo veamos por ahí pintado o dibujado en alguna paré de algún baño o en las burras, como si fuera un garabato hecho por cavernícolas (dos “u” juntas o una “m” invertida casi siempre acompañada de alguna patanada o del dibujo de una verga en pleno estado de erección y lista, a veces hasta chagüiteando, para introducirse; al menos ésa es la idea), su imagen nos viene a la mente cuando oímos palabras como: cubilete, culantro, cubierto, cuchillo, culpable, cubil, traste; y ya desde chavitos aprendimos a asociarla, sin caer en esa vulgaridá pecaminosa, con cutete, trasero, cucu, culiche, pompis y fundis, dependiendo de dónde nacimos o cómo nos criaron.

Según estudios recientes realizados por un equipo de psicólogos y sociólogos de la Universidad Rex Chichicaste, el culo ha sido parte de muchos momento imborrables en nuestra vida: la primera vez que se nos escaldó, la primer cagada en nica de peltre (fría), la primera vez que nos jalamos algo que nos colgaba, un como hule, se lo enseñamos a nuestro hermanito y lo tiramos en la nica (véase: lombriz doméstica), la primera nalgada de parte de nuestra santa madre, la primera cinchaceada de parte de nuestro señor padre, el primer reglazo de parte de los hijos de puta del profe o la seño, el primer supositorio, la primera inyección de penicilina, el primer sentón (véase: caer de culumbrón), el primer bajón de pants en el centro del patio en el mero recreo, el primer sacacacas, el primer pedo premiado (en pleno acto de graduación de sexto primaria, recibiendo el respectivo diploma), la primera vez que nos arralamos y se nos fue el culo, la primera pateada y/o patineada, el primer grano (véase: nacido) debido al exceso de comidas grasientas, la primera vez que echamos mano (o nos echaron), la primera vez que la traida nos vio en pelota y nosotros a ella, la primera paja (viendo y relamiéndonos por el culo de la Lina Santos), la primera vez que nos lo mordió un chucho, la primera vez que nos sentamos en una banqueta y se nos pegó un chicle, la primera vez que íbamos en un elevador sólo con otra persona y creímos que el pedo sordo que nos echamos no iba a oler... en fin muchá, tantos y tantos momentos en donde quiera que no el culo siempre jugó un papel determinante, ¿o no?

Por si fuera poco, de la palabra culo se han derivado algunos vocablos de uso diario que el que nos lo use o haga como que no los usa, ya podía haber nacido fuera de Mulamala, como por ejemplo: culitos o culits, para referirnos a las muchachas en general y no sólo al tamaño de sus partes (aunque no les guste y mal nos paguen; Chente me dijo que dijera esto último), y que algún pisado quiso camuflar con aquella frase idiota de «litos-cu para mar-chi», aunque para disimular un cacho ya haigan salido otras variantes menos descaradas como cubiertos, reinitas o quesos, a ver si con ésas no se malean; culazo, para referirnos a toda aquella Hija de Eva, de la Madre Tierra o de la Luna que se salga del común denominador y destaque por su belleza y por sus dimensiones sin importar que haiga nacido en un barranco o que tenga una maestría en Anatomía de Greis, en Jarvar; culona, para referirnos, especialmente, a aquellas chuladas que por razones genéticas y/o alimenticias, (¡esos malditos descuidos!), haigan pasado de la etapa celulítica al desbordamiento, en lo que se llama “la maldición del apaste” o “la mutación del ballenato”; culero/a o culey, para referirnos a todo aquel individuo que se caracteriza por su habilidá para traicionar, trocear, chingar, echar de boca, humillar, abusar y jugársela a la mara; encular, para referirnos a ese sentimiento maravilloso que sentimos cuando, por ejemplo, miramos o tenemos algo que nos gusta un vergo, que nos llega: culitos, carros, chupes, chivas, rieles, series, licas, grupos musicales, trama, etcétera. Y no sólo vocablos sino que también categorías anatómicas, según la forma de tan preciada parte, como por ejemplo: culoepato, culo pache, culo caído, culo gordo, culo parado, culo arisco, culoezompopo, culoevieja (ideal para los calzones de ese tipo), culo amorfo, culoecostal, entre otros. Lo que quiere decir que en Mulamala vale verga la cara, vale verga la sheca, vale verga el alma. Lo que mide, en especial a las chavas, es eso: el culo.

Pero como no sólo estamos hablando del bando femenino, aunque sean las poseedoras de dicho tesoro, Rex les incluye la siguiente tabla indicando varios de los sentimientos relacionados con el culo, usados tanto por mulamaltecos como por mulamaltecas: MOLESTIA, DECEPCION: ¡Mejor güélanme el culo cerotes! HAMBRE: ¡Uhhh, mira ese culo, viejo! ¡Rica esa mierda! (Efecto: babeo; Intención: Beso negro). CALENTURA, DESEO: ¡Yayay, qué culo más rico mamaíta! (Efecto: erección; véase: Síndrome de la Talanquera). ENVIDIA, CELOS: ¡'Chás culo vaaaa! (Ellos) (Puede confundirse con ADMIRACIÓN, CHAQUETERÍA). ENVIDIA, CELOS: ¡Ja, de seguro se puso diez calzones o un montón de esponja! (Ellas). ASCO: ¡Junnnn, te yede el culo va chatío! LÁSTIMA, PENA: ¡Ahhh, culo más cerote vos! SARCASMO: Ese culo está bueno fijate... (¡pero pa' patearlo!). ENOJO, IRA: ¡Desgraciao, vaya a tocarle el culo a su nana! (Ellas). AMENAZA: ¡Te voa quebrar el culo maje! Como ven, del culo pueden salir muchas mierdas, ¡valga la redundancia! Aunque ahora que lo pienso ya ni me acuerdo por qué empecé a hablar del culo ni para qué. ¡Ah sí, ya di! La cosa es que estoy entrenando porque me ofrecieron un puesto honorífico en la Academia Mulamalteca de la Lengua (y de las Malas Lenguas) y para el acto conmemorativo y toda la babosada, uno tiene que echarse una su disertación pérez sobre las palabras que más efectos causan en nuestra sociedá, pero como la disertación de MULA ya la tengo echa (me la mandaron del Congreso, un resumen de anécdotas sacado de las sesiones más representativas de los últimos años) me decidí por CULO y por eso estoy practicando. ¿Y cómo fue que le ofrecieron al mierda del Rex ese puesto honorífico?, se preguntarán ustedes. Uno, pues porque soy Rex, Su Excelencia. ¡Me extraña pisaos! Y dos, porque me dieron ganas. Ya saben: CULO VEO, CULO QUIERO.



Fotía cortesía de: http://edusanchez.blogspot.com/2008/09/me-pesa-el-culo.html