4 sep. 2010

¡ASÍ QUE SE VAYA ESA MIERDA!


Vaya a jactarse a otro lado (a la mierda no, porque ya no cabe más mara) aquél que, habiendo nacido en territorio mulamalteco, nunca haiga estado metido en una situación en la que por andar apurado, por querer salir del paso, porque le vale verga lo que está haciendo, porque está haciendo un favor de mala gana, porque no sabe lo que está haciendo o porque no le van a pagar ni un len (o muy poco, según él), recurre a la astucia (en términos estrictamente chapulinescos) del inevitable chapuz. Sí, ese chapuz que en un 90.331974356¾ % de los casos acaba en “una que no sirve”, en vergüenzas y, ya dependiendo de la mala suerte del genio en cuestión, en algún accidente. Para entrar en detalles, rescatemos del olvido a Mocoseco. 1999. 8 años llevaba tu amor detrás de la Zúrica, la gordita de la panadería, gozo de los cuatro panaderos que se la trabaj… o sea, que trabajaban en su casa, y, miren qué casualidá, virginal e inmaculada ante los ojos del atarantado de Mocoseco. ¡Según él iba a estrenar cancha! Ese año, harta de los regalitos del pisado, la gordis le dijo que estaba bueno, que iba a ir a su casa a llevarles migas de pan a sus palomas. Tenía como 20, de crianza. El experto criador, así quería que le dijéramos, lo tenía todo listo. No había nadie en su chante y aprovechó para declarársele a la pisada. A media declaración, cuando el mula ahí hincado, con los ojos cerrados, le recitaba un fragmento de una novelita de Corin Tellado, aquea lo interrumpió. Ya sé lo que querés, onbre, aprovechá porque me van a cerrar la despensa y no tengo azucar, ¡chanin pueeee! A Mocoseco por poco se le salen los ojos al ver a la Zúrica ahí en el sillón, ya desplumada y abierta de patas. Corrió a su cuarto, se enpelotó en dos vergazos, sacó el condón que llevaba en su billetera desde sepa putas cuándo, y se lo intentó poner. Esa mierda estaba toda tiesa. Tanto, que de estarlo jalando y acomodándoselo, se le rompió un cacho, casi en la punta. ¡Fuuuiiittt!, oyó a la Zurica en la sala. ¡Ah no pisao!, pensó. Y entonces agarró una ruedita de teip, le puso una tirita al condón y soltó la frase mágica pues: ¡Ahh, así que se vaya esa mierda! ¡Las palabras mágicas!

Con su gracia Mocoseco envalijó a la gordis, 10 años más ruca que él y ya con dos chirices, (que el talega creía que eran sus hermanitos), el tata de la pisada lo obligó a que se casaran, salió del bote un enamorado de ella (caco, drogo y zafado el muchacho), Mocoseco tuvo que irse a la verga, a los USA, lo deportaron, regresó, le empezó a dar duro al guaipe y acabó de charamila, echo verga, durmiendo debajo de un puente. Andá a ver qué te güeviás, vos Rex, me dice Mocoseco, no exagerés cerote, jejeje. ¡Siempre me agarra cagando este mierda! Va, sí, estaba exagerando. Lo único que pasó fue que el mula pegó centro y la gordis perdió al nene porque según ella tenía gases y ni se dio cuenta de lo que llevaba en la panza. Y aquí anda el hijueputa, risa y risa, soltero y sin compromiso, como si nada. ¿Verdá que sí vos atol?, lo chingo. Simón, jejeje, me dice. Aquél tuvo algo de suerte, la verdá. En fin, espero que con este ejemplo de la vida rial, vayan ubicándose. Las palabras mágicas no siempre son buenas, ojo. Así que se vaya esa mierda o Que se vaya así esa mierda (“el orden de los distractores no altera el usufructo”, diría Mocoseco, llevándosela de alcalde en pleno mítin, que no sabe ni lo que está diciendo, pero al ver que la mara dice sí con la ñola, sigue volando lengua), a parte de lo que todos ya sabemos, puede ser señal también de lo que muchos mulamaltecos somos: ¡unos grandes mediocres! Dejadez, güevonería, conformismo, falta de interés. ¿O NO? La mara se enoja cuando alguien critica que las mierdas no se hagan bien y salen con esa frasesita de: puta, mano, el intento es lo que cuenta. Y Rex piensa: no, papaíto, lo que cuenta es que te peló la verga lo que estabas haciendo. Pensemos en nuestros adorados políticos, en nuestros ilustres gobernantes (excluyendo a Rex, háganme la volada), en nuestra gloriosa sociedá. Si las babosadas se hacen con la actitú del así que se vaya esa mierda y nadie dice nada porque el intento es lo que cuenta, y seguimos así, día a día, los que hacen las babosadas las seguirán haciendo igual (o pior), porque ya nos acostumbramos, y mejor así, porque pior juera que no hicieran nada. Disculpen que me ponga algo serio, muchá, pero ¡ACTITÚ MÁS HIJAPUTA! (Y si a vos lector o lectora, ahorita que estás leyendo esto se te viene a la mula algo así como: puta, aquél por lo que se malea, jajaja deberías craniarla más, porque DE ESO es precisamente de lo que estoy hablando).

Pero bueno, volvamos a las mierdas pequeñas e insignificantes, que yo no soy quién para estar aleccionando a ningun pisado. Lo curioso del asunto es que qué casualidá que cuando estamos ocupados en algo (supuestamente importante) siempre hay otra cosa (definitivamente más importante) que hacer y entonces es cuando nos entra el gusanito pisado de la desesperación y 1) dejamos a medias lo que estábamos haciendo o 2) lo terminamos como Dios nos ayude, despidiéndonos, eso sí, con las palabras mágicas. Hablo de los trabajos de la U, de los informes en el chance (¿o eso sólo pasa en las licas?), de cuando estamos retocando fotías con el fotoshop(siempre y cuando NO salgamos nosotros), de cuando acabamos un cuento (¿dije cuento?, puta, ¡obra maestra esa mierda!) para mandarlo a un concurso, de cuando estamos envolviendo algún regalo, de cuando estamos ordenando el cuarto, de cuando le estamos pasando en limpio alguna onda a nuestro viejo, de cuando estamos arreglando (con puras pajas) el currículum, de cuando estamos actualizando nuestra mierda de blog (con muladas, para variar), cuando estamos escogiendo alguna fotía para el grupo del Muladar en FB, etc. y, al mismo tiempo, hay un partidazo de la Champions, la mara ya va por la segunda tanta onde Chema, la Yessenia o el Yendel no está esperando en lo oscurito, o bien hay alguna huecada: la final de la Academia, la reunión anual con los fracasados de la Promo o la despedida de soltera de la MariPili (¡vanaber pastelitos en forma de pijitas de chocolate, vainilla y tiramisú, dice!). Esas mierdas le pueden pasar a uno y las consecuencias no son tan pisadas, pero a mí se me hace que no somos los únicos. Lo hacen también los mecánicos, los electricistas, los plomeros, los contadores, los abogados, los albañiles, los doctores (cirujanos, especialmente), los columnistas, los carteros, los funcionarios públicos, los magistrados, los cocineros, los dentistas, los veterinarios, los zapateros, los jardineros y toda clase de técnicos y dizque especialistas. ¡E imagínense los resultados! ¡Y pior cuando uno se la lleva de cabrón y, creyéndose lo del “Hágalo usté mismo” se mete a arreglar las mierdas! Uno dice, mi güevo, uno piensa, puta, ¿por qué se me quemó la casa, por qué se me cayó la paré del patio, por qué me fui a hacer mierda en el carro, por qué se me inundó el baño, por qué se fue a caldo mi abuelita que estaba hospitalizada, por qué este pepián güele como a hule, por qué no me funcionaba la estufa y ahora se me chingó la refri, por qué se me murieron mis rosales, por qué se me están cayendo las muelas, etc.? ¿¡Por qué?! Pues porque la mara abusa de las palabras mágicas, muchá. Y siempre hay prisas, y siempre hay chapuces pa’ tapar la marimba, y siempre hay mierdas mejores que hacer. ¡Y así que se vaya esa mierda, hombre! ¡Quién se va andar ando cuenta! ¡Si se vuelve a chingar, lo componemos, más despacito, con tiempo! ¡Hay más tiempo que vida, padre! ¡Usté tan delicadito, príncipe, no sea lleno de babosadas! ¡Quedó bonito, rey! ¡Pruébelo! ¡Garantizado! Y eso cabal es lo que estoy pensando ahorita que estoy escribiendo esta mierda, sin revisarla ni ni verga, a lo puro bandido, viendo el reloj porque… ¡Ahorita empieza la maratón de MacGyver! Así que… ¡ASÍ QUE SE VAYA ESA MIERDA!

¡Órale!

Foto cortesía de Imágenes Gúguel. Debería citar fuente, pero así que se vaya esa mierda. ¡Ya es tarde!