3 jun. 2013

PERIODISTAS MODERNOS, O ¡LAS PIEDRAS RODANDO SE ENCUENTRAN, MAJES!



Corría (sí, como si tuviera un par de patas y estuviera en la Media Maratón de Cobán, que como dijo por ahí el maestro Fernando Ramos: Después de tantos años ya podían organizar una Maratón Completa, ¿no?) el año 2002 de la era cristiana cuando por azares del destino (que es tan díscolo como esas muchachas que te dicen: yo a usted no lo conozco, váyase o le digo a mi novio que es cuque y cuando te vas a la verga, se quedan chillando porque no les seguiste neceando) tuve a bien irme becado dos años a la Universidad de Hard-hard Oxford VII allá en el hermano estado de Denver, Arizona, condado de Silicon Wall-E, 69KK Área, Sector F, Miracle Colony, Great Hell of America para estudiar una Maestría en Comunicación Silvestre Comparada y Ultraestudios de Periodismo Moderno. Si, amigos, ahí estaba el joven y apuesto Rex Mamey, con su luenga cabellera, sus pulseritas típicas, sus playeras de Mao, sus pantalones de lona desgastados y sus Tritón empolvados codeándose con lo mejorcito de la intelectualidad latinoamericana. Éramos 30 los escogidos. Y construíamos nuestros días con discusiones sanas y camaradería. Ah, a veces veo gacelas corriendo libremente por la sabana, simpáticas y elegantes... cristalinas y diáfanas cataratas lanzándose al vacío para reunirse con la poza madre... niños chapudos y regordetes corriendo en busca de los musculosos brazos de sus progenitores... un sol lleno de gozo nutriendo e iluminando el camino de los hombres de bien y de buena vol... Y PUTA, no sé qué mierdas estoy diciendo... ah, sí, perdón es que me acabo de limpiar el culo con una Atalaya... pero pues sí, lo que quería decir es que qué bonitos recuerdos, pues, de aquellos dos años de lactancia académica y de lavado de cereJAJAJAJAJA, nada, nada, me acabo de quitar una grapa que se me había quedado prendida en una nalga y mejor me río porque chillar en público como no es cosa de hombres, ¿VERDÁ, EFRA?

Yo me imagino que ustedes dirán: Puta, ese Rex qué nivel, qué sofisticados suenan esos sus estudios, lo que hace el pisto, ¡ve! Y no, muchá, el pedo no fue así. Dije: becado, o sea que no me fui con pisto de mis viejitos sino patrocinado por algunos de los anunciantes de una mi revista subversiva que tenía (“Enjambre luminoso”, se llamaba) y sofisticados, bueno, sí, un poco, tomando en cuenta que todo el agarrón estaba basado en aspectos que en Guatemala (me abstengo de decir Mulamala por esta vez, ya que estoy tratando un tema de suma seriedad y de trascendencia, jajaja) escasean o simplemente no los ven TAN esenciales para especializar a “periodistas”, o sea: a) pensar, b) cuestionar, c) indagar, d) revelar, e) incomodar, f) insistir, g) demostrar, h) comprobar y i) buscar la verdad. Todo bajo cualquier circunstancia y hasta las últimas consecuencias. “Las 9 Piezas del Gran Engranaje del Nuevo Periodismo”, como quien dice. Bueno, había unos tres mil y la madre de aspectos más, pero esos son los que mejor recuerdo y además eran los que más discutíamos y alegábamos, especialmente con una chilena (que ahora es dirigente nacional juvenil, miren ustedes qué casualidad, y que era la más güira de todos), dos cubanos, un mexicano, una venezolana (que aunque tenga un cerebro privilegiado, sigue poniendo fotos en tanga en sus perfiles de redes sociales, supongo que por el calorcito que hace en la tierra del finado Chávez) y con el otro becado guatemalteco que había en la Maestría, un tal H. I. Yo al principio no sabía de dónde era; es más, pensé que eran dos y gemelos, pero era sólo uno. Resulta que un día nos topamos en la cafetería a la hora del almuercito y los dos llevábamos sendas playeronas patrióticas: GUATEVER decía la mía y DIOS NO SÓLO ME HIZO PERFECTO SINO ADEMÁS CHAPIN, decía la de aquél. Puta, pensé yo, un hermano de ombligo. Y cabal, muchá. Ahí nos hicimos cuates y empezamos a hacer estragos en el campus, fíjense: fiestas salvajes, estupefacientes caseros, alcohol clandestino, guerrilla publicitaria, vandalismo antisistema, sexo filosofal con las recién ingresadas, puta, un vergo de ondas, pues. Bueno, la verdad no, a lo más que llegamos fue a robar libros en la biblioteca pero algo es algo, jajaja, así que no chinguen, pisados.

De los 30, sólo H. I. y yo nos graduamos con honores, fíjense. A lo macho. Supuestamente íbamos a trabajar en un nuevo periódico, un periódico feroz y despiadado, un periódico diferente, en el que iban a colaborar muchos de nuestros compas de la Maestría, pero resulta que a mí me mandaron a llamar de aquí de Mulamala porque decían que Velorio ya estaba en las últimas y necesitaban suplente chispudo. Sí, es que yo al mismo tiempo que me graduaba de Periodista Moderno, chambeaba en bares, puteros y barras show de telonero, haciendo monólogos obscenos y demás ridiculeces (si alguien de Los Cebollines está leyendo esto: no, ya no me dedico al espectáculo) para tener para invitar a las reinitas a cenas románticas de comida minimalista y lo que surgiera despuecito, if yu nou guat ai min. Y ni modo, sólo con penar en sustituir a Velorio con las jugosas ganancias del cerote, se me hizo agua la jeta. Puta, la babosada fue que cuando regresé, esa mierda de Velorio no tenía ni verga, estaba vivito y coleando. Había sido un rumor de los miembros más conservadores de mi familia, que querían que el nene regresara al redil, corno se dice. Ye en Mulamala, en lugar de ver cómo le hacía pan retachar al proyecto con el H. I., me dediqué al estudio autodidacta de la Teología, la Escatología (véase L'Archéologie du merde, por Kaltschmamey, Guatemala Ville, Éditions Gosaderaux, 2013, con prólogo de Phil Neff), la Comedia Bufa y la Etiología. En resumidas cuentas, jalé por otro camino y ya no volví a saber nada del H. I. ni de los otros cuates. Supe, eso sí, que el proyecto había salido a la luz, desde no sé qué país europeo, y que el H. I. estaba sacando un doctorado en Periodismo Post-Moderno 4.0 de la Era Neuro-Digital y el Estudio Profundo de Agentes Oscuros (Big Brother) Dirigidos por el Dios Silicio Aplicado a la Realidad Local desde Tiempos Pre-colombinos en función de la Lucha Libre de Clases y los Pueblos Desplazados. Una eminencia, el pisado.

PERO MAS SIN EMBARGO, el destino, esa zorrita frívola y coqueta como una veleta, nos volvió a reunir caprichosamente, jóvenes. Cada quien en su salsa, cada quien aplicando sus conocimientos y las 9 piezas del Gran Engranaje en pro de su pensar, de su sentir y de sus compromisos ideológico. Yo, el vulgar; aquél, el culto. No somos filósofos, no somos sociomanipuladores, no somos pastores evangélicos, no somos mequetrefes embusteros. Ambos queridos y odiados. Eso sí. Admirados y detestados. También. Comprendidos e insultados. A diario. La canción de Alex Lora ya lo dijo: las piedras rodando se encuentran… Para lo que no saben de qué putas estoy hablando, métanse al mentado Twitter y sigan a los implicados en este post, para los que no me conocen: @rexmamey y para los que no conocen al H. I.: @hunahpuEixbalan HE AHÍ A LA RESURECCIÓN DEL NUEVO PERIODISMO. Si se empapan de los tuits, lo entenderán.

 

¡Salud, piltrafas!


Pd. Me pregunta un tal Q. Godoy que qué hicimos con las playeronas patrióticas y le contesto que, luego de las dos primeras clases con Chomsky, las usamos de sacudidores y de ahí de trapeadores, especialmente para limpiar guacas.